La Voz Judía


La Voz Judía
Olam haze, olam haba
Por Rabino Daniel Oppenheimer

En las entregas anteriores, hemos tocado tangencialmente el tema de la creencia judía que D”s remunera a todo ser humano por sus acciones. En ese contexto, hemos explicado que el premio y el castigo no suceden necesariamente de manera visible o comprensible para nosotros. Es más, habitualmente no vemos, ni entendemos de qué manera D”s retribuye a los seres humanos - aun cuando debemos aceptar que realmente es así. Pues no necesariamente las consecuencias de los actos se viven en esta dimensión. Sabemos que hay otro marco denominado Olam HaBá (Mundo Venidero), donde - a diferencia del Olam HaZé, es el espacio real en el que cada uno recibe lo suyo.
En las palabras de los Sabios: “no hay recompensa por el cumplimiento de las Mitzvot en este mundo” (Talmud Kidushín 39:) - [sino en el Venidero].

Sin duda, estamos encarando uno de los aspectos más insondables de la creencia del judío. Estas no son cuestiones cabalísticas (a las que siempre hemos evitado ingresar desde estas líneas, dado que no conocemos el tema). La creencia en el Olam HaBá, o, mejor dicho, en la retribución Di-vina por los actos de los seres humanos en general, es uno de los axiomas del judaísmo y es menester dedicarle tiempo para comprender en qué consiste esa creencia.

El hecho en sí, de que “nadie vuelve” del Olam HaBá, ni tampoco nos envía cartas para describir su situación en esa condición, solo nos permite conjeturar acerca de la característica de aquella dimensión. (No entramos ahora en las narraciones de personas que estuvieron “cerca de la muerte” y que estuvieron en un túnel que los conducía al “más allá”…).
Obviamente entonces, todo lo que imaginemos son suposiciones y fantasías, dado que nuestra visión está limitada a ilusionar situaciones a partir de las que ya han sido experimentadas en nuestro pasado, lo cual limita terriblemente nuestra comprensión y solamente logra confundirnos, pues todo bviamente entonces, todo lo que imaginemos son suposiciones y fantasías, dado que nuestra visión está limitada a ilusionar situaciones a partir de las que ya han sido experimentadas en nuestro pasado, lo cual limita terriblemente nuestra comprensión y solamente logra confundirnos, pues todo nuestro pasado del que somos conscientes, se reduce a experiencias tridimensionales y materiales, o sea, de las que hemos vivido.

Una serie de preguntas asoman inmediatamente al barajar la cuestión:

1. ¿cómo es el Olam HaBá?
2. ¿existe una fuente bíblica que respalde esta creencia?
3. ¿Por qué no tenemos acceso a conocer lo que sucede en el “más allá”?
4. ¿Por qué la remuneración no puede recibirse en esta dimensión en la que vivimos y tiene que - imperiosamente - ser en aquella dimensión misteriosa?

Dentro de lo complejo que es este tema, trataremos de ir por partes, para poder reconocer el límite de lo comprensible, y lo que indudablemente está más allá de nuestro entendimiento.

En primer lugar, tengamos en claro que tanto el premio como el castigo se dan en el Mundo Venidero que es completamente espiritual.
Cada persona, al fallecer, se despoja del cuerpo que lo acompañó durante la travesía por este mundo, pues - por un lado - ya no necesita el cuerpo, y - es más - el cuerpo le impediría la satisfacción suprema inherente al Olam HaBá.

Nuestra dimensión actual (Olam HaZé), requiere este cuerpo que “viste” nuestra alma para poder cumplir con los preceptos (que son acciones que solo se pueden realizan con él). Dada la naturaleza del cuerpo y su función, este impide que tengamos una percepción plena de D”s...
Aun cuando los profetas pudieron percibir algo de lo que sucederá cuando venga el Mashíaj (axioma décimo-segundo), ninguno pudo observar en su profecía, alguna de las características del Mundo Venidero (Talmud Brajot 34:).

Esa limitación humana presente en la percepción de la Existencia de D”s, es la que convierte nuestro accionar en un desafío - precisamente dado el impedimento de concebir plenamente Su realidad.
Esto es así, pues este mundo en el que vivimos es un mundo de prueba para - mediante la obediencia a D”s - lograr estar cerca de El eternamente en el Mundo Venidero que es el mayor placer al que puede aspirar el alma del ser humano.

Volviendo a la esencia del Mundo Venidero - por otro lado, sabemos que ningún placer y ninguna satisfacción de este mundo pueden retribuir siquiera por una sola buena acción, pues los placeres terrenales nunca son eternos. La satisfacción eterna se logra únicamente cuando no existe esa limitación que es el cuerpo. En esa dimensión el alma percibe la realidad de la existencia de D”s y el orgullo de haber obedecido las Mitzvot es incalculable.
Es por eso que los Sabios dicen en Pirké Avot (4:22) que “un instante de Teshuvá y buenas acciones en el Olam HaZé es más valioso que todo el Olam HaBá, y un instante de satisfacción Di-vina en el Olam HaBá es más valioso que todo el Olam HaZé”.

En síntesis, entendemos que la naturaleza del Olam HaBá es radicalmente opuesta al Olam HaZé, de modo tal, que limitados como estamos a nuestra naturaleza actual diseñada de acuerdo a un mundo de desafíos, nos es imposible acceder mentalmente a concebir un mundo de goce pleno en el que viva aquel que obró correctamente, ni de vergüenza total - también ilimitada en el que yace quien pecó en su existencia terrenal.

En forma adicional, y obviamente, si pudiéramos divisar en nuestro estado actual el sufrimiento del alma que pecó, o el inconmensurable placer que siente el alma que obró virtuosamente, el desafío de nuestra existencia dejaría de serlo, pues ante la evidencia de las consecuencias de los actos humanos, no cabria la posibilidad de desafiar la Autoridad de D”s.

¿Dónde está la fuente de la existencia del Olam HaBá en el texto de la Torá?
Rambá”n (Najmanides) responde que se deduce de los versículos de Vaikrá (18:29). Allí, la Torá advierte que la consecuencia de la práctica de ciertas aberraciones sexuales, conlleva el castigo de “Karet”.
Después de explayarse acerca de los distintos niveles de Karet, explica Rambá”n que “Karet” es la destrucción del alma después de la muerte de la persona. Dice seguidamente el Rambán: si aquella destrucción del alma después de la muerte, es una punición (el peor castigo posible), entonces esto implica que lo contrario, o sea la propia permanencia del alma (su no-destrucción) debe ser beneficiosa para él (pues de otra manera su eliminación no sería castigo).

De todos modos, si bien dijimos que “no hay recompensa por el cumplimiento de las Mitzvot en este mundo”, aun así, D”s promete en la Torá que asistirá a quienes observan la Torá, para que puedan seguir observándola.
En distintos pasajes de la Torá (en particular en Vaikrá y Dvarim), se mencionan las consecuencias del accionar correcto del pueblo de Israel en términos de bendiciones terrenales. Según lo que hemos estado explicando, esto resultaría un tanto incomprensible, pues hemos manifestado que el lugar de la recompensa real es el Olam HaBá. Una de las respuestas más conocidas a esta cuestión es que no se trata aquí de recompensas, sino del Apoyo Di-vino a aquellos que cumplen con Su Voluntad para poder seguir observando su Ley.

Hemos tratado en este capítulo un tema que no solo es parte íntegra y elemental de nuestra fe, sino que, a su vez, es un tema espinoso, pues trata - en parte - el escenario de castigos.

La misma mención de los castigos, eriza la piel y crea sentimientos negativos por varias razones.
Por un lado, cuando se trata de uno mismo, o de un ser querido, esto ya despierta oposición, pues no somos masoquistas, ni deseamos ver que la persona a quien queremos sufra. Asimismo, maquinalmente, sospechamos que los supuestos castigos son arbitrarios. Esto puede ser a raíz de que cuando éramos niños sentíamos eso respecto a las sanciones de padres y/o maestros (típico: ¡por qué a mi sí, y a él no!...)

En una era en la que la creencia en D”s está erosionada, este efecto se nota más, aun cuando se habla de D”s que premia y castiga. Los niños no son sino copia de los adultos en este tema y suelen manifestar que no se merecen los castigos que reciben.
(No hablamos acá de un caso determinado, pues no podemos determinar si algún sufrimiento en particular es un castigo, sino que nos referimos al concepto en si).

Sin embargo, no solo que - obviamente - D”s no es arbitrario, sino que el castigo Di-vino es un método para ayudarnos a encontrar el camino indicado y expiar los males ya hechos, para que no pertenezcan más a nuestro pasivo.

Un punto más.
Podríamos creer que el castigo (al igual que el premio), fuera un resultado automático de las acciones humanas (del mismo modo en que regar una planta la hace crecer y quitarle el agua la hiciere morir) - y no sería necesaria entonces la relación directa con D”s.
Sin embargo, no hay resultado maquinal en la retribución Di-vina.

Si bien es verdad que la peor consecuencia de una mala acción, es precisamente el hecho de haberle dado lugar a esa acción, y viceversa [Pirké Avot 4:2], el hecho que Ramba”m relacione el conocimiento de D”s con la retribución por las acciones, es justamente una indicación de que es valioso el hecho que la retribución sea un asunto personal con cada uno, pues precisamente eso le da valor a la acción - por unirlo y acercarlo - o caso contrario, distanciarlo de D”s. La reacción automática - por otro lado - hubiese simbolizado indiferencia por parte de D”s a nuestra actividad.

El Rav Mordechai Blumenfeld, sigue aclarando que de haber sido la retribución una consecuencia automática de las acciones, la razón de abstenerse de un acto prohibido sería únicamente por prudencia, pero no una elección de amor. En la elección moral diaria, el motivo de la elección de una acción hubiera sido egoísta - para protegerse del sufrimiento consecuente, y no altruista - por el bien en si.
Esto significa que la conciencia de la existencia de premio y castigo es esencial en la relación entre el ser humano y D”s.

Cuando los hijos de Aharón, Nadav y Avihu, fueron castigados por D”s por traer un incienso que no correspondía, Moshé aclaró a Aharón, que esto respondía a las palabras de D”s - “mediante mis allegados Seré santificado” (Vayikrá 10:3). Más allá del dolor por la pérdida de los hijos de Aharón, estos perduraron en el tiempo como medio para dar Gloria a D”s por la perfección de lo que acontece en este mundo - o sea que cada acción pequeña o grande - de cada ser humano suma.
Si bien, como dijimos, premio - y especialmente castigo, no son un tema que ameno de tratar, visto desde la perspectiva del vínculo personal que se establece cada uno con D”s, nos permite un nuevo enfoque en el potencial de la grandeza humana.

 

La tribuna Judia 23

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