La Voz Judía


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Una familia lidera el renacimiento Judío en Harlem

Rabi Shaya Gansbourg nunca tuvo la intención de establecerse en Harlem. Hace dos años atrás, gracias al bombardeo constante y negativo de noticias en los medios de prensa, él veía al barrio del norte de Manhattan como un lugar acuciado por el delito. Pero cuando por error tomó un omnibus equivocado desde el aeropuerto que lo dejó en la Calle 125, él hizo un paseo por el lugar que no sólo le hizo cambiar de idea sino que pronto lo llevaría al camino de hacer revivir a la comunidad judía del Harlem.

“Yo empecé caminando por la Séptima Avenida, y me sentí inspirado”, dice Gansbourg, “vi una linda cafetería Starbucks, llena de productos, lindos negocios y vida comercial”.

Mucha gente todavía asocia al Harlem actual con la zona violenta, infectada de droga, y que fue el símbolo de la decadencia urbana durante casi todo el último tiempo del siglo XX. Pero, como pudo comprobar Gansbourg, el barrio había experimentado un renacimiento.

Hasta la Primera Guerra Mundial, el Harlem era visto por los neoyorkinos como un lugar atractivo para vivir, pero la superpoblación que sufrió la llevó prontamente al deterioro. La situación comenzó a cambiar a finales de los años ’90, cuando se reconstruyó el sistema de transportes de la ciudad y creció la universidad local. Con el ingreso de una ayuda económica municipal, el barrio finalmente se embarcó en una ambiciosa revitalización.

En el momento del descubrimiento, Gansbourg era un hombre de negocios de 50 años, que trabajaba en la industria publicitaria. Pero dada su considerable experiencia e interés en la educación Judía y en la renovación, su desempeño en lo que llama “un área en desarrollo” significó una sola cosa.

“Yo comencé pensando en mi interior que allí debía haber judíos”, explica.
Bastante seguro, cuando el rabino miró un poco más de cerca los edificios, él vio la Estrella de David grabada en las paredes de una de las iglesias del lugar.

En los comienzos de los años 1900, el bajo costo de las viviendas atrajo a una multitud de judíos de Europa Oriental. Hacia 1917, la población judía del Harlem alcanzó un pico de 150.000. Sin embargo, el crecimiento decayó en 1921, con el establecimiento por parte del Congreso de una cuota para los inmigrantes provenientes de Europa Oriental. Al mismo tiempo, cuando llegaban en mayor número, muchos judíos del Harlem se mudaron al Upper West Side (la zona noreste).

En 1939, la población judía del Harlem descendió a 5.000, y desde entonces siguió decreciendo. En la actualidad sólo viven allí algunos cientos de judíos y tienen una sola sinagoga abierta.

Buscando judíos en un mar multicultural de residentes Afro-americanos e hispanos, Gansbourg se dirigió a la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Desde su ubicación en una colina se puede ver el barrio entero. Reconocida por la diversidad de su estudiantado, su población es de 14.000 que provienen de 127 países. Más de dos tercios de los estudiantes inscriptos pertenecen a minorías étnicas.

“Yo comencé a explorar, echando un vistazo y mirando lo que podría ocurrir” dice Gansbourg.
Justo antes de Pesaj de 2005 se puso en contacto con un activista estudiantil de la universidad, Sergey Kadinsky a fin de averiguar el número de estudiantes judíos, y él le dijo que había escaamente un pequeño grupo y que no creía que tuvieran demasiado interés.

Con la ayuda de algunos profesores de la universidad, Gansbourg puso carteles en el campus anunciando que repartiría matzá shmurá para Pesaj. Lo llamaron unas 20 personas y él decidió que ése era el lugar para quedarse.

A poco más de dos años de esa iniciativa, Gansbourg está liderando un claro renacimiento de la vida judía en Harlem, con un campus y un centro comunitario cercano a la universidad y con una serie de programas comunitarios.

Por su vinculación con la universidad, recibe rápida información cuando se ponen en contacto con algún judío del Harlem. Ellos los mantienen informados acerca de la comunidad y los invitan a los servicios religiosos y a otros acontecimientos.

“Cada judío que encuentro es un nuevo diamante”, dice Goldie Gansbourg, la esposa del rabino, “es como explorar si hay petróleo bajo la tierra”.
Para Paul Rodensky, presidente de la Antigua Sinagoga Broadway –la única sinagoga judía que sobevivió en el Harlem- el descubrimiento de más residentes judíos es especialmente meritorio. La sinagoga contaba con una congregación desde 1911 y debió atravesar los momentos en que la misma se redujo hasta el punto de amenazar su existencia. En la década de 1970 el minián de la sinagoga dejó de funcionar, y hasta hace muy poco lo único que se ofrecía allí era el servicio de Shabat. Pero en los últimos cinco años las cosas fueron cambiando, especialmente en los dos últimos.

“Hay gente que se acerca a otras comunidades donde existen miles de judíos”, dice Gansbourg, “si se logra llegar al diez por ciento, se considera un éxito. Pero en Harlem es diferente. Para tener éxito necesitamos la participación de cada uno de los judíos. Una vez que ello ocurra podremos afirmar que tuvimos éxito”, concluye.

En cuanto al futuro, Gansbourg proyecta llevar a cabo lo que llama “una infraestructura judía completa”, con restaurants casher, una mikve, educación judía y una sinagoga con actividades a horario completo.

 

La Voz Judía nro. 431

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