La Voz Judía


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IOSEF: ¿POR QUÉ?
Por el Rabino Daniel Oppenheimer

Iosef, el protagonista principal de las lecturas de Vaieshev, Miketz y Vaigash, es uno de los personajes que más nos cuesta entender (si es que pudiéramos decir que entendemos a los demás personajes de otras épocas…).
Por un lado, Iosef es conocido y tildado como “Iosef haTzadik” (el justo), un atributo que no se le aplica a ninguna otra eminencia de la Torá - a pesar que se mencionan muchos Tzadikim (hombres justos) en ella.
De aquello que la Torá nos cuenta, no faltan razones para dedicarle semejante reconocimiento: en primer lugar, demostró poseer una fuerza y una firmeza íntegra al sostenerse frente a los embates libertinos de la esposa de su patrón Potifar. Luego, manifestó una perfecta honradez cuando le fue conferida la difícil tarea de distribuir los escasos víveres a los egipcios y a los habitantes de los demás países durante los años de la hambruna.
En ese puesto, se pudo reconocer nuevamente porqué tanto el ministro Potifar, como el jefe de la cárcel lo habían valorado tanto como para confiarle la total responsabilidad de lo que sucedía en cada uno de sus lugares de trabajo.
Cuando el Faraón lo llamó para interpretarle los sueños, lejos de atribuirse honor por el don que lo caracterizaba, Iosef suscribió a D”s lo que Le corresponde, sin intentar beneficiarse personalmente con lo improcedente. Años más tarde, cuando ya estaban sometidos a los egipcios, no escatimó esfuerzos para cumplir con la voluntad última de su padre en el sentido de acompañar sus restos para darles sepultura en la tierra de Cnaan (Israel).
Finalmente, cuando el padre había fallecido, y los hermanos sospecharon que Iosef tomaría venganza en contra de ellos, por haberlo vendido como esclavo a una caravana que lo llevó a Egipto, fueron ellos y se arrodillaron pidiéndole que tomara retribución alguna en su contra.
Nuevamente Iosef exhibió su rectitud al quitar toda duda de deseo o intención de desquite, y los mantuvo a ellos y a sus familias durante el resto de su vida.
Ante tal actitud diáfana, hay hechos que no llegamos a entender: Iosef amaba profundamente a su padre Iaacov, del mismo modo en que Iaacov lo amaba a Iosef. La separación forzada, había sido dolorosa para ambos. Durante los primeros años de su vida en Egipto, siendo Iosef esclavo y prisionero, obviamente no podía dar a conocer su paradero a su padre. Sin embargo, una vez que Iosef había sido declarado libre, y era segundo en el poder de Egipto: ¿por qué no mandó avisar a su padre acerca de su situación?
Es más: dado el hambre reinante, los hermanos se vieron obligados a ir a Egipto a procurar alimento para sus familias. Era el momento ideal para que Iosef mande decir a su padre que él era virrey de Egipto. Sin embargo, nada de eso.
Justo por lo contrario: Iosef recordó los sueños en los que se le había hecho saber proféticamente que él sería rey y gobernante (Bereshit 42:9). Al llegar ante él, Iosef los trató con una dureza poco característica de él. Siendo el “hombre fuerte” de Egipto (Bereshit 42:6), los acusó de ser espías, encarceló a Shimón impidiéndole su regreso a su hogar y les prohibió que aparezcan a comprar más comida, a pesar que la hambruna estaba destinada a demorar 6 años adicionales. Si bien los hermanos se arrepintieron (Bereshit 42:21), Iosef mantuvo su actitud severa.
¿Por qué? ¿Será realmente un acto de venganza?
Y, si fuese tan duro y quisiera tomar represalia contra sus hermanos: ¿por qué tuvo que retirarse para llorar a solas tantas veces durante los encuentros con ellos?
Claramente, Iosef recordaba a su familia con honor y respeto, tal como lo demuestra en los nombres que puso a sus hijos cuando nacieron.
Lo que sigue, no es una justificación en defensa de Iosef. Ni Iosef, ni ninguno de los Tzadikim de la Torá, necesitan que nosotros aprobemos de ellos.
Ni siquiera pretendemos "ponernos en su lugar". Aun en ese intento, erraríamos totalmente, pues hablaríamos de puras conjeturas.
Asimismo, aun después que presentemos ciertas explicaciones acerca de lo que pueden haber sido las verdaderas intenciones de Iosef, esto no significa que nosotros podamos actuar de la misma manera en lo que sentiríamos que son situaciones análogas (en nuestra propia vida).
Sin embargo, la Tora nos enseña ciertas "historias" de nuestros antepasados, para que aprendamos enseñanzas vitales.
Si bien nuestra historia demostró que el pueblo de Israel se mantuvo bastante unido a través de las épocas (aun habiendo, lamentablemente, diferencias y peleas), cuando todo era aún incipiente, en aquella época cuando vivían Iosef y los hermanos, el futuro de Israel como nación unificada, estaba en riesgo. Iosef era virrey de un país poderoso, mientras que los hermanos eran simples inmigrantes extranjeros. La secesión podía haber ocurrido en aquel mismo momento, más así considerando que Iosef había sido tan maltratado por sus propios hermanos. Los 22 años de separación podían haber profundizado los prejuicios y el odio entre ellos de manera tal, que jamás esa brecha se hubiera cerrado. ¿Cómo curar la herida, sin que queden cicatrices?
Sin embargo, tal como podemos observar a partir del relato de la Torá, en la próxima generación - fueron todos iguales: todos esclavos de los egipcios.
El artífice de esta reconciliación completa fue Iosef. A él le toco la dura tarea de recomponer la confianza mutua y recuperar la fraternidad entre hermanos.
A fin de alcanzar este objetivo, había que quitar todos los prejuicios que podían teñir su futura relación.
Iosef debía poder quitar de su mente el concepto de que sus hermanos eran tan crueles que estaban dispuestos a vender a un hermano si creyeran que la situación lo requeriría. Recién cuando pudieron ofrecer quedarse junto a Biniamín (“somos todos esclavos, tanto quien tiene la copa, como el resto de nosotros" - Bereshit 44:17), después de que él había sido acusado injustamente de robar la copa del Virrey, aun permitiéndosele a ellos volver a casa con la comida que sus familias necesitaban desesperadamente, desapareció de su mente el estigma que ellos eran crueles, y se demostró que su arrepentimiento era total.
Por otro lado, Iosef necesitaba modificar el concepto que ellos tenían de él. Mientras ellos pensaran que Iosef podría utilizar el poder para dominarlos - si lo tuviera - tal como habían sospechado cuando Iosef era joven (razón por la que lo vendieron en primer lugar), se mantendría el recelo inicial Recién cuando Iosef les demostró que tenia en sus manos el poder total de hacer lo que quisiera, y que, sin embargo, no tenía el más mínimo deseo ni intención de dañarlos, pues realmente los amaba como hermanos, quedaría definitivamente resuelto el conflicto.
(adaptado del comentario de R.Sh.R. Hirsch sz"l)
Es tan fácil caer en el prejuicio, y es tan sencillo quebrar la confianza, y es - por otro lado - tan complicado remediar los males y resolver disputas - especialmente los conflictos familiares, que por eso, esta historia, en la que Iosef tuvo que dejar de lado sus sentimientos de amor de lado (recordemos que Iosef había estado solo en Egipto tantos años sin ver sus caras familiares...), nos da una lección de vida: cuidar y alimentar los vínculos con nuestros seres queridos. Y si surge algún malestar, resolverlo cuanto antes.

 

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