La Voz Judía


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La parasha semana a semana
Parashat Toledot. La herencia de Isaac

Por Abraham M. Hassan

Al cabo del relato de la Creación, versa: “D-os contempló la obra de la Creación y vio que todo estaba muy bien.” (BERESHIT 1,31). “Muy bien”, dicen nuestros Sabios, se refiere al instinto del mal, pues debido a que existe el instinto del mal, la persona lucha para superarle y esa lucha determina el mérito alcanzado. El hombre, que goza de libre albedrío, por el mérito de escoger el buen camino, pone de manifiesto la Gloria Divina y realiza así el objetivo de la Creación.
Aún si el hombre, inducido por el instinto del mal, escoge el mal, tarde o temprano tendrá que recibir su castigo. Este castigo pondrá en evidencia el peligro del pecado y la verdad de la justicia divina. Así, de cualquier forma, tanto por la conducta recta del Justo como por el castigo del pecador, el nombre de D-os resultará santificado, directa o indirectamente, del hecho de la existencia del instinto del mal.
El rasgo principal del carácter de Abraham es el amor al bien, su abnegación a D-os y a su prójimo. Utiliza sus fuerzas, aún lo que en nosotros se llama instinto del mal, para servir a su Creador y transforma así el instinto del mal en fuerza benéfica, el apetito material en apetito espiritual, conciliando el mal y el bien.
Isaac, cuyo rasgo principal es el heroísmo, realiza en él una forma diferente de servicio Divino. Igual al héroe que vence a sus enemigos, Isaac anula sus deseos y sus voluntades para someterlos a la Voluntad de D-os, subordina sus apetitos materiales a sus apetitos espirituales. Perfecciona al extremo esta cualidad hasta merecer de llevar en él, aún en vida, el nombre de D-os,: “el D-os de Isaac”, lo que significa que todo acto, toda palabra, todo pensamiento, testimoniaban su sumisión total al Eterno.
La sección de esta semana nos relata cómo la oración de Isaac pidiendo hijos, fue recibida y tuvo más efecto, que la de su mujer Rivka, pues, explica Rashi, la oración del Justo, hijo del Justo (Isaac hijo de Abraham) es más valiosa que la del Justo hijo de perverso (Rivka hija de Betuel). Hubiésemos podido pensar lo contrario, que el mérito de aquél que tuvo la fuerza de voluntad de descartar el mal ejemplo de sus padres es superior al de quien “encontró la mesa preparada” y para quien la práctica del bien es un instinto natural.
Pero aquí, justamente, el mérito de Isaac consistió en no contentarse simplemente con seguir el ejemplo de Abraham; se esmeró en ascender constantemente por el camino de la superación personal y en conseguir que su elevación fuese una adquisición propia y no una herencia; buscó construir con sus propias fuerzas un nuevo edificio que dio a conocer al mundo – la revelación del verdadero heroísmo: la elevación con la lucha, el sufrimiento, la privación; la conquista del bien, por mérito personal, por derecho y no por misericordia Divina.
Abraham atrae sobre el mundo la misericordia; Isaac atrae la justicia restablece el equilibrio. Pues, si éste hubiese seguido la misma línea de Servicio Divino que Abraham, la misericordia que hubiera traído así al mundo sería tal que el mal quedaría sin castigo y el objetivo mismo del servicio divino por el hombre hubiera sido anulado.
Servir a D-os significa superar constantemente dificultades, obstáculos. ¡Ojalá merezcamos ser llamados dignos descendientes de Isaac, y, según nuestras fuerzas, aspiremos a ser verdaderos héroes que dominen a su instinto!

 

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