La Voz Judía


La Voz Judía
Soy yo. ¿Soy yo?
Por Rabino Daniel Oppenheimer

Cuentan (“no pasó de verdad”) que en cierta oportunidad un hombre buscó alojamiento en un pueblo en donde circunstancialmente debía pasar la noche. Sin embargo, no tuvo suerte. Todos los lugares estaban completos y temió que iba a dormir en la calle. Cuando llegó a la última de las pensiones y el dueño le respondió igual a todos los anteriores, el pobre individuo comenzó a suplicarle que le consiguiera aunque fuese una cama en cualquier lugar que fuese. El dueño se apiadó y le respondió que había una habitación en la cual estaba parando un general y en la cual había una cama libre. “El general está durmiendo y no se debe enterar que Usted durmió en su habitación. Si Usted promete que cuando lo despierto temprano antes que se despierte el general, Usted se viste y se retira inmediatamente, pues lo dejo dormir allí.”
A la hora convenida el dueño despertó a nuestro amigo quien cumplió debidamente con lo pactado. Se levantó rápido y se vistió en la oscuridad... el uniforme del general. Salió corriendo del hotel rumbo a la estación de tren desde donde seguía su viaje. Recién allí tuvo oportunidad de verse en el espejo. Se miró y se rió: “Qué tonto el dueño del hotel. ¡En lugar de despertarme a mí, lo despertó al general!”
No se ría Usted también. O si tiene muchas ganas de, ríase, pero sepa que la cosa es más seria y más real de lo que estamos dispuestos a reconocer. Esto se refiere tanto a lo que hace a nuestras vestimentas como así también a nuestras acciones. Muchísimos de nuestros actos los hacemos por costumbre, por hábito, por rutina y por inercia. En muchas de las cosas, esto no molesta. Es más, puede llegar a ser positivo y útil. Por ejemplo, los padres deben intentar inculcar hábitos y modales de higiene en los niños y esperan que luego se les quede “pegado” de por vida. En estos modales, no es necesario que la persona profundice en el significado de lo que está haciendo. Simplemente, lo debe hacer y punto. No es así respecto a nuestra tarea espiritual. Allí, se valora la intención de la persona no menos que la acción misma. No sólo eso, sino que el pensamiento influye sobre la calidad de la acción. Si bien, se puede llegar a cumplir un precepto desde lo técnico, al carecer del espíritu correspondiente, el precepto no afecta a la persona y no permite que ejerza el efecto deseado.
En la misma manera como se puede llegar a mantener una fruta por varios días sin que se estropee, pero al pelarla se oxidan tanto la cáscara como también la fruta, sucede con los deberes de la Torá. Todos requieren la acción y el pensamiento adecuado. En ese sentido explican algunos comentaristas aquello que está escrito en la “confesión” que dice la persona al terminar de traer los diezmos después del tercero y sexto año: “... he hecho ´como´ todo lo que ordenaste...” La pregunta obvia es: si la persona dio todos los diezmos, ¿pues qué necesidad hay para confesar? La respuesta es que cumplió con los preceptos “como” lo que D”s ordenó. Existen acciones genuinas y están las imitaciones. Hay personas que viven una vida con todos los rasgos de una sociedad occidental y con “estilo” judío. “Estilo” sería por ejemplo, la comida típica y el sabor de la comida (el “ta´am” de la “bobe” que tenés en la memoria). Hay otros que cumplen con la ley, pero tratan de hacérsela cómoda, es decir, lo más fácil posible. Hacen “como” D”s ordenó, pero no exactamente lo que ordenó.
En una oportunidad había un “badján” que animaba una fiesta a la que asistió el Rebe de Satmar. El área del badjan es animar a los novios y los participantes. Con permiso del Rebe, el badjan comenzó a imitar los movimientos del Rebe. En eso, el Rebe se puso a llorar. El badjan se puso serio. “¿Dije algo que podría molestar al Rebe?” – preguntó. “En absoluto” – contestó el Rebe– “tu imitación fue muy buena. Sólo se me ocurrió que posiblemente así como vos me estabas imitando, yo también imité mi propia conducta”. Acercándose Rosh HaShaná, todos sabemos exactamente en qué momentos nos acordamos de nostalgias y en cuáles momentos nos sensibilizamos. ¿Será una repetición – una imitación – de lo que hicimos el año pasado, o será una experiencia nueva?

 

Nro 353 Elul del 5764 / Agosto de 2004

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