La Voz Judía


La Voz Judía
Perspectivas de Iom Tov:
Rosh Hashaná con todo el shtetl

Rabino Mordejai Kamentzky*

Durante el transcurso de los días de Iamim Noraím, la palabra “Yo” casi no se menciona. El espíritu de comunidad triunfa sobre el espíritu de la individualidad.
Todas nuestras numerosas tefilot, pedidos, confesiones y proclamas tienen en común una identificación específica que es el plural de “nosotros” o “nos”. “Recuérdanos para la vida”. “Inscríbenos en el libro de la vida”. “Nosotros somos como un rebaño. Nosotros somos tu nación y Tu eres nuestro Rey”.
¿Y por qué tiene que ser de esa forma? En verdad, resulta bastante contradictorio para el espíritu de la propia inflexión, tan integral para la esencia de Iamim Noraím.
Obviamente, el poder de una comunidad impacta a nuestras personas individuales que rezan. Los rezos y los pedidos que llegan en masa parecen tener más fuerza, ser más efectivos.
La Guemará nos cuenta que es casi imposible desoir el deseo de una comunidad entera. De hecho, el pasuk en Hoshea (4:17) nos dice: “Javur atzovim, Efraím hanaj lo”. “Si Efraím es un manojo de varas, yo lo dejaré solo”.
El Novi nos dice que cuando nosotros estamos unidos fuertemente, no se nos puede quebrar.
Pero la expresión “Yo lo dejaré solo”, necesita ser aclarada. El pasuk ¿no debería decir “Yo los dejaré solos (a ellos)”?
Quizás la lección contenida dentro del pasuk quiere significar que existe un poder en una kehilá, y que entonces hasta se prescinde del individuo. Es en ese sentido que “Si Efraím es un manojo de varas, yo lo dejaré solo”.
No obstante, ¿cómo hace el Todopoderoso para considerar las necesidades de los individuos, separadamente, si ellos se presentan como una parte de un manojo comunitario?
Una bella historia que yo escuché hace ya algún tiempo resulta ser un hermoso mashal, un ejemplo, de este concepto.
Un profesor universitario que había logrado tener algunos ingresos extra tomando exámenes finales en escuelas, se había ganado la reputación de ser un monitor extremadamente estricto que no dejaba a sus estudiantes excederse ni un minuto del tiempo que les correspondía para hacer el exámen.
Cierta vez, el profesor tuvo la oportunidad de tomar un test en noveno grado. Entre los estudiantes estaba sentado Jaim, un ingenioso jóven que tenía la fama de pedir un tiempo extra para sus exámenes. El profesor estaba al tanto de las tácticas y los ruegos de ese muchacho, pero resolvió no darle ni un minuto demás. El exámen comenzó con adevertencias preventivas: “Ustedes tienen exactamente una hora y treinta minutos de tiempo para completar este examen. Si ustedes se atrasan un solo minuto, yo no voy a aceptar sus escritos”, les dijo a los alumnos.
Dicho y hecho, al concluir el tiempo el profesor recogió todos los exámenes pero Jaim todavía seguía escribiendo. Habían pasado exactamente 90 segundos cuando Jaim se aproximó al escritorio, exámen en mano. Todos los demás exámenes estaban ya sobre el escritorio, bien a la vista del profesor quien se negó a aceptar los escritos de Jaim.
Jaim estaba desconcertado. Eso significaba que él no iba a poder pasar el exámen!
Sin perder un minuto, se dirigió con prepotencia al desconsiderado profesor diciéndole:
“¡Usted tiene que aceptar mis escritos! ¿Acaso no sabe quién soy yo?”
El profesor giró la cabeza hacia otro lado, como si en verdad no le preocupara lo más mínimo lo que estaba sucediendo.
Jaim volvió a repetir una vez más la pregunta. Esta vez, sin embargo, subió el tono de su voz en unos cuantos decibeles.
“¿Usted no sabe quién soy yo? ¿Usted no sabe quién es mi padre?”
Esta vez el profesor le replicó con enojo: “Yo no sé quién es usted. Y yo no sé quién es su padre. Y a decir verdad, ¡no me importa!”.
“¿De verdad?”, le lanzó Jaim con una mirada de triunfo en su rostro. “¡Qué bueno!”
Y tras decirlo, Jaim revolvió la pila de papeles de los exámenes, colocó su propio exámen en el centro de la pila y se sonrió con orgullo. “¡Que tenga un buen día!”.
Rosh Hashaná es el Día del Juicio. El año que pasó ya concluyó y ahora es tiempo de tener a mano nuestros propios papeles de exámen. Por supuesto, nuestro Mentor Celestial nos permite tener un tiempo extra de diez días hasta Iom Kipur. Pero cuando llegue el momento, El podrá decirnos: “¡Se terminó el tiempo!”.
Cuando nos reunimos todos en teshuvá y tefilá, y en tzedaká, todos nuestros papeles se juntan en un mismo lugar. Nosotros nos ligamos al poder de una kehilá hacia la cual Ribonó shel Olam sin duda tendrá contemplaciones.
Por supuesto, nosotros somos responsables por nuestras acciones individuales y ellas serán examinadas. Pero seguramente es mucho más fácil que nuestras acciones sean juzgadas favorablemente si ellas están presentadas en conjunto con un shtetel completo.
¡Que la Kehilá de Iaacov se reúna este año para obtener las bendiciones de Ribonó shel Olam y que El nos conceda una vida larga y saludable y nos inscriba b’sefer hajaim!.
*El Rabino Mordejai Kamenetzky es el Rosh Ieshivá de la Ieshivá Torat Jaim, en South Shore, y es autor de la serie Parábolas de la Parashá

 

La tribuna Judía 34

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