La Voz Judía


La Voz Judía
CARTA ABIERTA


Transcribimos a continuación una interesante carta con origen y destino en una comunidad judía, que bien podria ser cualquiera de aquellas desperdigadas a lo largo y a lo ancho de la geografía latino-americana, cuyas vidas se desarrollan en circunstancias muy similares.

Apreciamos que existe una fuerte polarización de las comunidades judías, tendiendo a desaparecer aquella franja de indecisos o costumbristas, observandose desgraciadamente una gran asimilación, pero también, y por ello la transcripción, rescatamos un creciente movimiento de retorno a nuestras fuentes.
Como nuestras intenciones se centran en facilitar o colaborar con el mejoramiento del desarrollo comunitario y finalmente con la formación de nuestros hermanos judios, tras cambiar circunstancias y personajes de la carta, a fin de proteger privacidades, se la alcanzamos a Uds. nuestros lectores, esperando les sea de utilidad.

La Redacción

Señores Comunidad Judía …
Presente

Generalmente empezamos una nota con la frase “Tengo el agrado de dirigirme….etc.”, frase que la escribimos casi automáticamente. Sin embargo, en esta oportunidad percibo un sentimiento de apremio, de responsabilidad, etc., siento que Tengo la obligación de dirigirme a Ustedes, con motivo de la aparición en nuestra Ciudad de numerosas manifestaciones antijudías, y luego en Israel, la generación de un muy desgraciado atentado, donde un árabe envenenado de odio segó la vida de ocho jóvenes.

Enseguida tratamos de buscar causas lógicas que todo lo expliquen y nos liberen de ese nudo en el estómago que nos despierta del letargo y la comodidad de sentirnos un ciudadano igual a todos. Súbitamente nos recuerdan quienes somos, demostrando la inutilidad de asimilaciones y mimetismos.
Sin embargo, existe otro punto de vista, otra perspectiva, quizás poco conocida para muchos, que nos permita analizar los sucesos, su móvil etc., perspectiva que quiero compartir con Uds.

Para aquellos hermanos judíos con los que mas o menos tengo un trato frecuente, no necesariamente les parecerá extraño lo que trataré de transmitir. A otros probablemente les dé risa. A muchos tal vez pueda provocarles alguna incomodidad, por lo cual les ruego sepan disculparme.

Adhiero a la idea simple que la conciencia de todos los judíos “ya sabe” lo que trataré de balbucear, pero por razones diversas preferimos ignorar, no hacemos gran cosa y adherimos a la idea que el tiempo todo lo arregla, pero esto no siempre funciona así, a veces el tiempo lo desarregla más.

Es algo repetido que si el avestruz se asusta, esconde la cabeza y el miedo se le pasa. Dicen que Plinio el viejo describía al temeroso pájaro escondiendo su cabeza en un hoyo, o tras un arbusto. La verdad es que los naturalistas modernos no han visto ningún avestruz haciendo esto y el asunto se considera un mito. Pero, a falta de avestruces, estamos los humanos, que definitivamente somos de esconder la cabeza frente al peligro.

Claro que no hacemos un pozo. Somos más sutiles. Tendemos a inventarnos la ilusión de la seguridad basándonos en fábulas y verdades a medias.
¿Cuál es la reacción clásica a una agresión? ¡Tratar de defendernos, por supuesto! ¿Y eso está mal?, ¡claro que no!, e inclusive tenemos que emplear todos los expertos que sean necesarios, pero, ¿Todo eso hace que los hechos desgraciados no se repitan?

Dicen los jajamim que si las causas primigenias que provocaron esos hechos desaparecen, entonces en el cielo se dispone que todo se solucione, pero si no lo merecemos, no se solucionaran.

¿Y porqué Hashem puede no querer?, nos explican los sabios que todos tenemos la diaria tarea de mejorar, cada uno en lo suyo tenemos una tarea, y esa tarea a veces la abandonamos o en otras la realizamos de acuerdo a nuestras conveniencias o moral de moda o del momento. Sin embargo existe un código perfectamente definido que nos corresponde como judíos, tal como lo define la Torah.

Podremos decir muchos ¡A mi no me interesa la Torah! , pero ello no es así. Aquel que firma un contrato con todas las de la ley y luego pretende ignorarlo, esta en aprietos. Como reza aquella frase conocida, ¡Le van a caer encima con todo el peso de la ley! Y nosotros en el Sinaí, allá con Moshé Rabeinu, dijimos haremos y escucharemos, firmamos un contrato y ese contrato ¡No tiene cláusula resolutoria!

Podremos algunos decir, ¡Yo no creo en eso!, bueno, mejor es que nos informemos y estudiemos si es una cuestión de creencia o no, porque como dijo alguien: el que no utiliza su cabeza para pensar va a tener que utilizar su lomo para aguantar , y lo peor de todo, producto también de esa ignorancia, es ignorar que el pueblo judío es uno solo y si bien existen “destinos” individuales, tenemos un destino común, situación esta que sistemáticamente los judíos tendemos a ignorar y también sistemáticamente los no judíos tienden a recordarnos.

Consta en nuestras fuentes un trabajo realizado por el Rabí Jaim Luzzatto, que vivió en Italia hace unos 250 años, quien entre muchos temas nos dice:
El género humano se distingue de todas las demás especies creadas pues fue dotado de libre albedrío y le fue dada la capacidad para alcanzar la perfección o caer en la deficiencia. Por lo tanto, desde este punto de vista el hombre es un ser activo y no pasivo, por lo que la providencia que lo rige es, necesariamente diferente a la de los demás elementos de la creación.


En su caso (del hombre), se deben supervisar y escudriñar detalladamente sus actividades, a fin de decidir el resultado de sus acciones. Por ello, tanto sus hechos como los resultados son analizados y supervisados y la Providencia determinará lo que le corresponda en función del accionar humano; el hombre es juzgado middá quenegued middá (medida por medida), en la misma forma que actúa…

También en otro lugar expresa:

La Inteligencia superior, así como determina las distintas situaciones por la que atravesará el individuo, también determina los medios que lo conducirán a las mismas. Precisión En Función De Lo Realmente Positivo. De manera que todas las cosas, en realidad, son decretadas con absoluta precisión de acuerdo a lo más conveniente.

En otras palabras, Rabí Jaim Luzzatto nos dice: lo que nos ocurre no fue decidido más que por nosotros mismos.

El siguiente es un ejemplo citado por muchos jajamim: Dicen que un perro, al ser golpeado con un palo, inmediatamente muerde el palo, sin darse cuenta que hay una mano que maneja el palo.

Lo mismo tenemos que saber nosotros, si pasa algo como lo que esta pasando en nuestra ciudad o en Israel, ello no es casualidad, ni tampoco se produce exclusivamente por el libre accionar de nazis o antisemitas. No tendríamos que actuar como el perro en por lo menos tres aspectos 1) no morder el palo, asignando todo el problema solo a la existencia de nazis y antisemitas, 2) tratar de analizar quien y porqué mueve el palo y finalmente 3) actuar en la causa primigenia y no centrarnos únicamente en el resultado final de todo el proceso.

En verdad, tendríamos que ser menos autosuficientes y más humildes, todos tendríamos que retornar a las fuentes, estudiar y aprehenderlas y eso se llama hacer Teshuvá.

Hacer Teshuvá nos cabe a todos, iniciarla a quien corresponda y profundizarla a quien ya la haya iniciado,

Dicho sea de paso, estamos muy cercanos a Purim, y precisamente allí en Babilonia, en Purim hace 2363 años, por medio de la Teshuvá, todos los judíos del mundo (pues todos vivían en el imperio babilónico), se salvaron de la aniquilación total.

Tenemos a nuestro alcance una cultura que nos puede dar plenitud y felicidad. Somos los herederos de una valiosísima tradición y sin embargo optamos a sabiendas, vivir como aquella persona cuya choza estaba construida sobre un tesoro de oro y piedras preciosas. El era millonario, pero no lo sabía y vivía pobremente.

Muchos se preguntarán ¿a qué viene toda esta perorata? ¿Y a éste que le picó? ¿Quién se cree que es?

La comunidad Judía de nuestra ciudad hace ya muchos años, en lo que respecta a las cuestiones “religiosas o espirituales”, ha ejercido el derecho de tomar un rumbo que no comparto, no quedándome más remedio que seguir otra “línea”.
Emplear la palabra línea en realidad es muy desafortunado, porque no existe más que una línea, la línea de la verdad que transitó el pueblo judío desde hace 3.320 años cuando recibimos la Torah.

Eso sí, cada quien puede practicar el porcentaje que desee o considere apropiado, de esa única línea que existe y no vivir la ilusión que le brindan las líneas reformistas o pseudo conservadoras, engaño del cual podemos librarnos, si primeramente estudiáramos el material “original”, para después, con toda la autoridad de dicho conocimiento, ver qué hay que reformar o conservar y no hacer al revés y ponernos a modificar leyes cuyo espíritu no conocemos suficientemente.

¿Saben qué? A medida que más trato de aprender, más me doy cuenta de todo lo que me falta aprender y también, de todo lo que tengo que desaprender. Ni que hablar de las deudas contraídas, pero por algo se empieza y por lo menos, cuando me llegue la hora de responder a la pregunta: ¿Vos qué hiciste para tratar de ayudar a tu comunidad, luego de haber aprendido lo poco que aprendiste?, tenga yo algo que responder, pues a más de conversar del tema con quien posea la paciencia de hacerlo, pueda decir, por ejemplo, que giré la presente carta abierta.

Atentamente

 

La Voz Judía nro. 433

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