La Voz Judía


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Parábolas de Iom Tov
Iom Kipur: un llamado a las armas

Por Rabino Mordejai Kamenetzky

Iom Kipur, el día supremo de arrepentimiento, tiene simultámeamente a la nación judía rezando, ayunando y pidiendo perdón. Comienza con la tranquila, severa y melodiosa entonación de Kol Nidré, y termina con la exclamación de ¡Hashem Hu HaElokim!
El Señor es D”s, dicho siete veces sucesivamente luego de varios pedidos de perdón. Pareciera que en el momento en que nuestras fuerzas desfallecen, surgen nuestras plegarias más grandes y estruendosas. Nosotros iniciamos el día suavemente y terminamos con gritos tumultuosos.
¿No deberíamos comenzar el día con fuertes pedidos de perdón y salvar a los aplicados devotos para el momento en que nuestro cuerpo está débil por el hambre y nuestros labios están sellados por la falta de agua?

Rav Iehoshúa Heshel Eichenstein, el Ziditjover Rebe, cuenta la siguiente historia:

Un viernes, un hombre entró al estudio del Tchortkover Rebe con un pedido que era muy común en esos tiempos.

“Mi hijo fue reclutado por el ejército”, comenzó diciendo el hombre. “Sin embargo, tenemos una salida. El domingo vamos a ir de un doctor que declarará, falsamente, que no es apto para el servicio militar. De este modo él se salvará de ciertos riesgos, incluso de morir en ese terrible ejército.
“Rebe”, le dijo, “yo necesito su bendición para que él pueda salvarse”.

El Rebe le respondió con suavidad que se acercaba el Shabat y que él no podía concentrarse en brajot, en bendiciones. Y agregó que debería retornar el viernes por la tarde luego de su tish (1).

Así lo hizo. Luego de que casi todos los jasidim se hubieran ido, el hombre repitió su pedido casi textualmente. Nuevamente, el Rebe no le dio la respuesta y le dijo “vuelve después del servicio matutino”.

El hombre, sin perturbarse, señaló que él realmente quería resolver ese tema andes del domingo a la mañana.

La mañana del Shabat, luego de los rezos, el hombre se acercó al rabino nuevamente. Y con calma le repitió su prédica.
“El domingo por la mañana iré a lo de un doctor que declarará, falsamente, que mi hijo no es apto para el servicio militar. Por favor, rece para que pueda evadirse de la conscripción”.

El Rebe no se conmovió. Nuevamente lo postergó hasta la tarde.
En la seudá shlishit (2), la escena se volvió a repetir de la misma idéntica manera en que se había dado las tres veces anteriores. “Yo entiendo que usted va el domingo por la mañana; vuelva a verme tarde después de Motzaei Shabat (3)”, le dijo el Rebe. “Para entonces yo tendré una respuesta para darle”.

Para entonces, la curiosidad de los jasidim se había despertado. Ellos nunca habían visto al Rebe tan reacio a darr una brajá, especialmente cuando esa bendición podría salvar a un alma judía del temible ejército polaco.

En Motzaei Shabat una multitud se congregó mientras el hombre se acercaba con su pedido. Frustrado y decepcionado, el hombre nuevamente repitió su historia casi textualmente, por quinta vez.

Inmediatamente el Rebe saltó de su silla y comenzó a gritar. “¿Qué me está usted pidiendo? ¿Por qué alguien podría siquiera intentar evadir el servicio militar de nuestro maravilloso país? ¿Cómo osa usted pedirme una bendición de esa naturaleza? Su hijo será un buen soldado de nuestro país. ¡Yo le deseo la mejor de las suertes en el ejército!

El hombre se escurrió rápidamente de la habitación y se fue de la ciudad. Los jasidim quedaron shockeados y perplejos. Nunca habían escuchado un exhabrupto tal de parte del Rebe.

“Les voy a explicar”, dijo el Rebe. “Ese hombre es un mentiroso. El no tiene ningún hijo, y si lo tuviera, él hubiera deseado que esté en el ejército. El fue enviado por el gobierno para medir nuestra lealtad. Gracias a D”s, hemos pasado la prueba”.

“Pero Rebe”, dijeron exaltados los jasidim, “¿cómo lo supo?”.

“Muy simple”, explicó el Rebe. “Yo me fijé en el nivel de la intensidad. Desde el momento en que me vino a ver hasta esta noche, no hubo un aumento en la intensidad o en el sentimiento de desesperación en cada pedido. En el momento en que escuché su pedido esta noche, y viendo que no contenía más pasión ni desesperación que su primer pedido el viernes por la noche, yo reconocí que era un mentiroso”.

Todo el día nos quedamos en la tefilá (4), y finalizamos con Ne’ilá (5), luego de 24 horas. La prueba límite de nuestra sinceridad se demuestra cuando las puertas del Cielo están cerradas. Cuando se pone el sol, nuestras plegarias deberían intensificarse. Ese crescendo es el que asegura que somos sinceros. Y también nos aseguraría que tengamos una jatimá tová (6).

*El autor es el Rosh Ieshivá de Ieshivá Torat Jaim, en South Store.
(1)Mesa sabática que el rebe comparte con sus jasidim
(2) Comida que se sirve luego de los rezos matutinos de Shabat
(3) Terminación del Shabat
(4) Servicio Religioso
(5) Ultimo servicio religioso de Iom Kipur
(6) Deseo de una feliz culminación de Iom Kipur


 

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