Comunidades


Periódico Judío Independiente
"Ver el final de Hitler me daba fuerzas para seguir adelante"
Entrevista a Simón Juan Lichtig

Por Johana Klinkovich
Johanacomunidades@yahoo.com.ar
Entro a la casa y me recibe un señor mayor con un brillo tenue en unos ojos azules que irradian energía. Me invita a pasar, nos sentamos frente a una mesa ratona y lo que sigue es la historia de una persona que sufrió mucho, por largo tiempo, pero que siempre tuvo la fuerza y el coraje de pararse y seguir caminando. A mí me conmovió y, espero, que a ustedes también.

¿Qué edad tenías cuando te llevaron al guetto?

Tenía 17 años cuando me llevaron junto a mis padres, mi hermano y mi hermana con su pareja y bebé de 18 meses. Fue muy traumático ya que sólo nos dejaban llevar lo que nos entrara en las manos, que te imaginás no es nada. Ya dentro nos daban una habitación de 3×3 para 8 o 10 personas, con las camas superpuestas. A toda mi familia nos pusieron juntos.

¿Cómo era la vida ahí dentro?

La vida era muy dura, solamente podíamos salir del guetto (el cual estaba todo amurallado) en compañía del ejercito alemán, el cual te llevaba y te traía del trabajo, también designado por ellos. En nuestra habitación la ventana daba con vista fuera del guetto y estaba prohibido abrirla dado que no se podía siquiera mirar para fuera.

¿Qué hacías antes de que te llevasen? ¿Cómo transcurría tu vida?

Mi vida transcurría en un pueblo polaco llamado Tarnow, a 80 Km de Cracovia. Mi familia era tradicionista y kosher y en mi pueblo la mitad era judía, éramos una comunidad muy unida. A los 12 años ya formaba parte de Akiba, una organización sionista, en la cual teníamos como objetivo emigrar a Palestina (en aquella época aún no existía el Estado de Israel). En las reuniones teníamos clases de hebreo y de historia judía. Nos reuníamos varias veces por semana y los fines de semana, siempre a la tarde porque el pueblo polaco tenía tendencias antisemitas y si uno se quedaba después de las 10pm por la calle seguro lo agarraban. Era un poco contradictoria la postura polaca con respecto a nosotros porque así como en la primaria nos dejaban faltar en shabat al colegio, siempre y cuando recuperásemos lo visto en clase, para ir a la universidad había un cupo máximo de judíos. La iglesia dirigía un diario nazi..

¿Cómo hiciste para escapar?

La historia es larga porque estuve escapando durante 7 u 8 años. Yo estaba convencido de que tenía que escapar si o si porque el cabo alemán para el cual trabajaba nos avisaba sobre las ratzias (ataques al guetto) que vendrían. Al principio, con mis compañeros, no le creíamos, pero con el pasar del tiempo nos dimos cuenta que era cierto lo que nos decía. Resultaba, más tarde nos vinimos a enterar, que el cabo era de contraespionaje y es por eso que cuando estaba borracho, lo cual era muy frecuente, nos contaba todo lo que ocurriría en los próximos días. Un amigo católico de mi hermano nos consiguió documento y partida de nacimiento truchos, yo ahí me llamaba Ian Mizera. Ahora faltaba salir del guetto y para ello nos ayudó el novio católico de una vecina del guetto. Además de ayudarnos, a mí y a mi novia, a salir de allí, nos consiguió un lugar donde vivir en otra ciudad, junto a mi hermano y 3 amigos de él. En aquella ciudad la vida tampoco era fácil, no teníamos trabajo y los polacos sospechaban de la gente nueva que llegaba. Teníamos que andar con mucha cautela. Finalmente decidimos unirnos a Todt, una organización que manda a los jóvenes católicos polacos a trabajar a países ocupados por alemanes. Pero Todt no aceptaba mujeres. Entonces con un amigo mi hermano decidimos ir y yo le hago una promesa a mi novia de que volvería a buscarla. Todt nos manda a Rusia, y luego de sortear muchos obstáculos ante peligros de ser atrapados, conseguimos una pareja que nos da vivienda y comida a cambio de que trabajemos en el aeropuerto, con uniforme de aviación alemana. Luego de un tiempo ahí, quiero volver a buscar a mi novia. Al principio no me dejan pero ante sucesivas insistencias, terminan por dejarme. Cuando llego a la ciudad me dicen que ella ya no se encontraba allí, que había decidido volver al guetto. Voy al guetto con la cara vendada, para que nadie pueda reconocerme, me encuentro con mi novia y le digo de irnos juntos, pero su padre no la deja. Luego intento convencer a mi padre, que aún vivía, de que se vaya, pero él no quiere. La historia sigue en Rusia, donde empiezo a trabajar en un taller de reparación de locomotoras a vapor. Ahí mi jefe me trata muy bien, me da comida extra, vacaciones; era un alemán decente. Por ese entonces llega una orden de evacuación de la industria y me llevan para Alemania, en donde mi jefe dejó que me sacasen la “P” (de polaco) así quedaba habilitado para tener alemanes bajo mi mando (un polaco no podía dirigir a un alemán). Como estaba cerca de la frontera con Francia, cuando desembarca el ejército norteamericano, decido unírmele. Trabajo un tiempo con ellos hasta que termina la guerra y ahí es donde con unos tíos y primos decidimos venir para la Argentina.

¿Durante todo ese tiempo tenías sueños, esperanzas?

Mientras vivía en el guetto mi esperanza era pobre y tuve muchos momentos críticos en los que me preguntaba “¿D´s dónde estas?” Pero entonces un amigo me contestaba que mi preguntaba estaba mal hecha y me corregía “¿Humanidad dónde estas?”

Creo que lo que me daba fuerzas era querer ver el final de Hitler, ése fue mi motor.

¿Cómo imaginabas tu futuro?

No podía imaginármelo, sólo vivía el día a día. Inclusive cuando ya estaba en Argentina me costaba pensar en ello, no me acostumbraba a vivir en un país normal y rico, donde se veía comida tirada en los tachos…Argentina era mi paraíso.

¿Qué pensás acerca de la juventud de hoy en día?

La juventud es muy linda, lástima que ahora se ven muchas drogas y con eso hay que tener cuidado de no caer. También hay más violencia por las calles, desocupación, corrupción e impunidad; el mundo cambió para peor pero creo que llegará el momento en que la gente volverá a las leyes de moralidad, todavía tengo esperanza.

31 de Marzo de 2004 - 9 de Nisan de 5764
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