La Voz Judía


La Voz Judía
Esclavitud y sometimiento
Por Rabino Daniel Oppenheimer

Llega nuevamente Pesaj y al leer la Hagadá intentamos sumar conceptos a la lectura de años anteriores, a fin de encontrar el sentido y la vigencia que contienen los relatos de hechos transcurridos más de tres milenios.

El profeta Irmiahu advirtió a los judíos que vivían en su época acerca, de la prohibición de la Torá de someter a los esclavos hebreos que habían embargado su trabajo de los próximos años a causa de sus necesidades económicas o por haber sido encontrados culpables de hurto, mas allá de los seis años prescriptos por la Torá. En el Cap. 34:13-14, Irmiahu recuerda a los judíos que D”s estableció un pacto con los antepasados “en el día en que salieron de Egipto, según el cual ningún judío debe subordinar a su hermano por más de los seis años reglamentados…”

En otras palabras, lo que el profeta Irmiahu está expresando, es que la memoria de lo sucedido en Egipto, en donde los judíos hemos sido las víctimas, debe servir de lección y conducir a una actitud apacible hacia los demás y no un comportamieto arrogante.

Esta reflexión permite una visión y un enfoque más amplio del que tenemos sobre el concepto de “esclavitud”, pues cuando observamos superficialmente las imágenes gráficas que se describen en la Hagadá en las que los esclavos en Egipto cargaban con piedras pesadas, se puede llegar a pensar que el mensaje de lo desdichado de la esclavitud se condensa en la noción que el trabajo es “malo”, y que los judíos sufrieron porque tenían que trabajar por demás.
Sin embargo, la Torá no opina que trabajar sea “malo”. Justamente lo contrario: el trabajo es visto en muchas citas de los Sabios como algo loable.

Esto, entonces, nos conduce a estudiar el tema un poco más: en la manera de expresarse de la Torá respecto al modo en que el Faraón sometió progresivamente al pueblo de Israel, se utiliza el vocablo “befarej”, que se traduce habitualmente como “con rigor” (Shmot 1:13-14). Los Sabios entienden que esta palabra también se puede dividir en dos: “Be’fé raj”, o sea con “boca suave” (Bereshit Rabá 1:15). ¿Qué significa entonces con “boca suave”?

Según el Midrash, el Faraón logró esclavizar al pueblo de Israel ofreciendo inicialmente premios al que se integrara a los emprendimientos estatales en los que él mismo participaba personalmente, para luego ir reduciéndolos a esclavos condenados.

Siendo así, tratemos de encontrar en el contexto de lo cotidiano: ¿Existe en la manera acostumbrada de expresarse un modo de someter a otro con “boca suave”?

Todos mantenemos conversaciones con distintas personas. En virtud de que somos humanos, frecuentemente precisamos de la asistencia de otros. La persona a quien invocamos para acceder a aquel apoyo, puede - o no - querer brindárnoslo. ¿Cómo hacemos para que nos lo quiera dar?

Es más. Existen casos extremos de personas que creen que todos sus semejantes deben cumplir con lo que a ellos se les ocurre. Puede ser que logren que se cumpla su deseo mediante amenazas (“si no lo hacés…”) o gritos. Muchos niños - desde una muy temprana edad - aprendieron que para lograr que se satisfagan sus caprichos hay que insistir. Otros ya saben que con berrinches, llantos, tos, caras largas, etc. se abrevian los tiempos para lograr sus cometidos.

Viendo esta situación desde afuera, suponemos que no tomaríamos esa actitud infantil, ni nos dejaríamos influenciar por ella. Veamos: pensemos si en alguna conversación se hallan frases tales como:

“vos que sos tan amable: ¿podrías…?”

“Yo sé que en vos se puede confiar: “podrías…?”

¿Por qué la gente habla así? ¿puede ser que este sea el modo de “comprarse” a la otra persona? ¿la manera de lograr que el otro obedezca?

Frecuentemente el modo de obligar a la otra persona a acatar se consigue creando en el otro un sentimiento de culpa, o al “ponerlo en la defensiva” recordándole situaciones pasadas que no lo dejan muy bien parado, o que despiertan memorias de deudas “impagas” “¿te acordás que…?”, “vos siempre”, “vos nunca”, etc.

También están los estrategas “a largo plazo”. Saben que aun si en el momento no tendrán provecho inmediato de lo que dicen, pero saben acumular crédito por si se necesita en otra oportunidad…

En esa vía de palabrería caben la adulación a quienes uno cree que va a necesitar en el futuro, la seducción con palabras para manipular a otros, y la disposición en el rol de víctima para obligar a que se obedezca la voluntad de uno sobre- los demás.

¿Somos concientes de que hablamos de ese modo para subordinar a otro? La mayoría de la gente lo negaría. Sin embargo, uno está tan embebido en el modo de hablar, que se convirtió para muchos en su estilo natural. Esta actitud se puede implantar y establecer hasta el grado de tornarse enfermiza.

Todos sabemos que en la política oficializada (estatal y comunitaria) se utilizan esta clase de estrategias. Por algo, la política tiene como objeto manifiesto la búsqueda del poder, y en la mayoría de los casos transfigura a las personas involucradas en propensas a tener que ejercer el poder en todos los ambientes.

En el consumo diario de esta información también transforma la vida de las personas en una sucesión de pulseadas para lograr sus objetivos. Y, como ya expresamos, esto no necesariamente ocurre con tácticas expresa y físicamente violentas, sino que pueden serlo con sesgos de ternura, suavidad y sutileza - y no por eso menos atropelladoras.

El modo de presionar utilizando las palabras que someten a otro incide diferentemente en cada individuo. Hay quienes ceden y aceptan la situación como irreversible, y hay otros que se resisten, y hay aun otros que lo padecen calladamente. La vida de mucha gente se convierte en un constante tormento a raíz de estas actitudes que suelen suceder aun con los “seres queridos” - cónyuges, padres e hijos, hermanos…

Si analizamos estas conductas desde el ángulo educativo, debemos volver a afirmar como lo hicimos en otras oportunidades, que la educación es un proceso en el que encauzamos a los discípulos hacia la autonomía en sus acciones, para obedecer al Todopoderoso, libres de toda clase de imposiciones externas e internas. Entre estas imposiciones, están -aparte de los instintos naturales de la persona - la “necesidad” interna del reconocimiento del entorno y la inclinación hacia la preeminencia sobre los demás.

“Grandes Faraones, comienzan siendo pequeños faraones” - el modo de pactar situaciones del quehacer interpersonal puede ser tiranizado, actuando de manera que el prójimo se tenga que sentir adeudado con uno (creando facturas supuestas que quedan impagas), o bien puede ser generoso, obrando de manera transparente y suave – de igual a igual.

El motivo por el que tenemos la obligación de comer Matzá en Pesaj se encuentra explicado en la Hagadá. No obstante, los Sabios encontraron en la Matzá un significado adicional que pasa por la cualidad humana de la modestia, la que se debe procurar adquirir (comparando simbólicamente los caracteres con la Matzá que no está fermentada - a diferencia del pan). Sin humildad, no existe el respeto por los demás seres humanos, y como consecuencia se cae en el hábito del intento de la sumisión del prójimo, la reducción a un plano inferior, y la subordinación para que cumpla con los antojos de uno.

Y todo esto, es parte de la razón por la que comeremos Matzá durante todos estos días.

Jag Sameaj!

 

La tribuna Judia 24

Redacción y Administración: Lavalle 2168 Of. 37 ( C.P. 1051) de 15.30 a 18.00 Hs.
Tel.: 4953-7132 / Telefax.: 4961-0954

Tribuna Judía
Una voz que ahonda en las raices judías

Aparece quincenalmente
Director: Prof. Pedro E. Berim
Diseño y Diagramación: Luminaria Design

Propietario
Unión de Israel en la argentina (U.D.I.)

Registro Nacional de la Propiedad Intelectual #187.257