La Voz Judía


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¿Qué nos deparará el 2008?
Por Ben Jaim

En pocos días más comenzará el 2008, año en el que se producirá un cambio de autoridades en AMIA. El lector de La Voz Judía ya está bien informado acerca de la catastrófica situación que vive la comunidad en términos de asimilación; las últimas cifras respecto a matrimonios mixtos en Capital Federal supera el 50% y en el interior del país llega a niveles alarmantes (más de un 70%). De igual modo se viene informando a través de las páginas de este periódico la decadencia existente en el ámbito de la educación judía, donde año tras año asistimos al cierre de establecimientos de todo nivel, primario, secundario, terciario, y cuando lo hubo, también universitario. Siendo la educación judía uno de los pilares en la lucha contra la asimilación, era de suponer que debería haber sido un tema central de atención de la dirigencia de AMIA; sin embargo, con cada recambio de autoridades, lo único que comprobamos es que el problema se va agudizando sin que exista un plan concreto orientado a su solución.
Dentro de este contexto, el histórico partido Avodá, que prosigue reteniendo el poder dentro de AMIA, ha dado comienzo a sus internas para las próximas elecciones.
Avodá perdió su hegemonía en DAIA a comienzos de la década del ’90, con la asunción a la presidencia de Rubén Beraja. Y lentamente fue perdiendo también activistas. Por causas que no vale la pena enumerar, conspicuos ex dirigentes fueron abandonando el Partido.
En las últimas elecciones de DAIA, y en medio de grandes desacuerdos partidarios, el ex presidente de AMIA, Abraham Kaul, se postuló como candidato a Presidente y perdió. Ahora, en vistas de las próximas elecciones en AMIA, y ante la inminencia de perder las internas de su partido, Kaul se fue de Avodá y constituyó su propio partido. Con lo cual, en concreto, habría dos candidatos que se disputarían la presidencia de AMIA para la próxima cadencia: Kaul y Manuel Junowicz (Avodá).
Es vox pópuli lo difícil que resulta en estos tiempos encontrar candidatos dispuestos a entregarse a un voluntariado tan complejo y exigente, y que a la vez reúnan requisitos mínimos de claridad de conciencia, riqueza intelectual y cultural, ductilidad y auténtica vocación política comunitaria –para enumerar sólo algunos rasgos escenciales- que los capacite para estar a cargo de los destinos de la comunidad.
“Vocación política comunitaria”, significa mucho más que querer disfrutar de los honores que brinda el ejercicio dirigencial; significa también estar dispuesto a comprometerse en una línea de acción que beneficie a la comunidad, sin importar cuál sea el costo a nivel personal.
Y uno de los primeros requisitos –y que ya constan en la Halajá- es el de mantener una distancia óptima con los gobiernos de turno. Es el abc de la línea a seguir, dado que la comunidad es multifacética y autárquica, y ya hubo antecedentes nefastos de gobiernos que quisieron infiltrar a la comunidad judía (y de judíos que estuvieron dispuestos a hacerlo) en la triste experiencia de la OIA. Por lo tanto, mal podría presentarse como candidato a un cargo alguien que desde el mismo manifiesta sus halagos hacia los gobernantes de turno. Un cargo dirigencial no debe servir ni para quedar bien con el gobierno, ni para complacer a éste u otro grupúsculo comunitario, de tal o de cual tendencia.
Por último, y mucho menos aún, puede ni debe un dirigente dejarse guiar por sus propias convicciones ideológicas o políticas y enlistar a la comunidad tras ellas. Aunque parezca reiterativo, la función de quienes conducen los destinos de AMIA reside en velar por el desarrollo de la comunidad y por la preservación de sus valores judíos, cuestiones que algunos olvidan y creen que su función es política.
Posiblemente, y dado que la entidad que se ocupa de la representación política de la comunidad es la DAIA fue una de la pérdidas más dolorosas que sufrió Avodá, hay dirigentes que confunden su rol en la AMIA con el de la DAIA, y en lugar de hacer crecer internamente a la comunidad, incursionan en un terreno que no les compete.
Pero volviendo al tema que motiva el título de la presente columna, las próximas elecciones en la AMIA nos ponen de cara a un futuro incierto. En parte porque nada garantiza que gane el candidato que gane, las cosas irán mejor puertas adentro de la comunidad. Y en parte porque al menos uno de los dos candidatos, ya ha demostrado durante su anterior gestión que no se ajustó en lo más mínimo al requisito de prescindir de un exhibicionismo político.
Enrolarse tras un gobierno que aún no ha decidido el rumbo que tomará a nivel internacional, pero que en este corto período de ejercicio del poder ya ha confrontado con los EE.UU. y defiende a ultranza sus vínculos y simpatías con un dictador tirano antisemita y pro-iraní, puede ser más que inconveniente, puede llegar a ser suicida.
Es entonces frente a un panorama de tan oscuro pronóstico que formulo la pregunta ¿qué nos deparará el 2008?

 

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