La Voz Judía


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Armas nucleares en Irán: La horrible pesadilla
Por Tamar Pinsky

“Quienquiera que reconozca a Israel arderá en el fuego de la furia de las naciones islámicas...Israel debe ser borrado del mapa...El mundo islámico no permitirá que su enemigo histórico viva en su tierra ancestral”.

Las recientes expresiones del nuevo presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, alarmaron a todos los líderes de Occidente. Nos es ninguna novedad que tanto Irán como otros países islámicos odian a Israel y desean que desaparezca. El fundador de la revolución islámica en Irán, Ayatollah Ruhollah Khomeini, expresó iguales puntos de vista cuando llamó a destruir Israel – política profundamente arraigada en la ideología islámica. El Sr. Ahmadinejad eligió una conferencia titulada “El Mundo sin Sionismo”, en la demostración anual anti-israelí en Teherán, para hacer esos señalamientos explosivos, sembrando el odio entre los 4000 estudiantes allí presentes.
El odio hacia los EE.UU. no es menor. El Washington Times informó que uno de los votantes del poco democrático nuevo presidente dijo haber elegido a Ahmadinejad “para darle una cachetada en la cara a los EE.UU.”
Una declaración semejante por parte de un pais, expresando sus intenciones de destruir a otro, no tiene precedentes en la arena diplomática entre naciones. Los paises de Occidente no demoraron en condenar las afirmaciones del presidente iraní. El Primer Ministro Blair dijo sentir “una profunda revulsión” ante esos dichos y subrayó que tanto los EE.UU. como Europa debían prestar suma atención a lo que acontecía en Irán. “Si ellos se conducen de esta manera, la gente debe preguntarse ‘¿cuándo van a hacer ustedes algo al respecto?’”, dijo Blair.
La Revolución Iraní de 1979 fue un hecho que cambió al mundo. Por primera vez, las naciones de Occidente se vieron forzadas a enfrentar el desafío de un régimen que no era ni capitalista, ni comunista, sino resueltamente islamista; una creación de un orden muy diferente, y el primer signo de una creciente determinación islámica de establecer un estado completamente islámico. Irán comenzó a ser una verdadera amenaza para los gobiernos de Occidente, algunos de los cuales lo consideraron como un motivo de preocupación urgente.
Irán tiene sus manos puestas en demasiados problemas mundiales como para ser tomado a la ligera: el suministro de petróleo, el apoyo y financiamiento de organizaciones terroristas, sus pretensiones nucleares, su amenaza sobre Israel, y su capacidad para desestabilizar el equilibrio de fuerzas del Medio Oriente.
Al tomar la decisión de ir a la guerra contra Irak, los EE.UU. e Inglaterra no tuvieron en cuenta a su vecino, una entidad infinitamente más peligrosa y activamente capaz de producir armas de destrucción masiva, tal como los recientes acontecimientos lo probaron. Una de las primeras acciones de Ahmadinejad como presidente fue la de remover los sellados de la Comisión Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas de sus instalaciones nucleares en Isfahan y relanzar su programa de enriquecimiento nuclear. Un exiliado iraní que trabaja como Consultor de Política Estratégica en Washington, en temas relativos a Irán e Irak, expresó que existen 4000 máquinas centrífugas no declaradas a la CIEA y que el régimen ha mantenido oculta la producción de dichas máquinas ante los inspectores. Esto es coherente con la larga historia de ocultamientos y mentiras por parte de Irán relativos a su programa nuclear.
Irán cuenta con 15 depósitos nucleares, muchos de los cuales son subterráneos y resistentes a los ataques. Esta situación no es análoga a la de Irak de 1981, cuando Israel destruyó el reactor de Osirak.
Los inspectores de depósitos nucleares de las Naciones Unidas declararon que Irán les informó que ya había cesado en sus experimentos desde el año 1993, sin embargo, de hecho ellos continuaron con su programa de plutonio por cinco años más. El ex presidente iraní, Hashemi Rafsanjani, admitió ante la BBC de Londres, que “es posible que a veces Irán no reporte sus actividades”.
En uno de sus primeros discursos ante las Naciones Unidas, el presidente Ahmadinejad expresó que su país tenía el “inalienable derecho” de producir energía nuclear, y que el Islam le impedía tener armas atómicas. Siendo uno de los mayores productores de petróleo del mundo ¿qué sentido tiene que Irán pierda tanto tiempo, esfuerzos y recursos en producir insumos atómicos, corriendo el riesgo de despertar sospechas y desaprobación en los EE.UU., para simplemente activar algunos pocos tubos de luz en el centro de Teherán?
Aparte de sus pretensiones nucleares, Irán es el mayor sponsor mundial del terrorismo. Su expandida organización Hezbollah ha llegado a enviar 12.000 piezas de artillería y misiles de corto alcance que la milicia Shiita en el Líbano posee actualmente para su uso contra Israel. Teherán también está ayudando a que Hezbollah se extienda en Africa. Los oficiales estadounidenses consideran que la capacidad operativa de Hezbollah iguala o excede a la de Al Qaeda. No es ningún secreto que la insurgencia en Irak, el asesinato de soldados británicos y americanos, y de ciudadanos iraquíes, estuvieron todos instigados y financiados por Irán. El terrorista de origen jordano, Abu Musab al-Zarqawi encontró un refugio seguro en Irán y sus operaciones de insurgencia se están llevando a cabo actualmente en regiones kurdas.
El reciente discurso anti-israelí de Ahmadinejad podría hacerle un servicio a Occidente, si acusa el impacto y refuerza su intervención en lo relativo al programa nuclear de Irán, abriendo los ojos para descubrir las verdaderas intenciones de dicho pais, aún en esta tardía etapa. Ahmadinejad declaró que estaba preparando el camino para el fin del mundo, mientras en Teherán hacían esfuerzos para hacerlo callar.
Occidente no tiene más excusas para sostener el modelo de laissez faire ante quien es hoy una de las mayores amenazas para la civilización occidental. Es tiempo de actuar.

 

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