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EN UN ANIVERSARIO MAS DE LA SEMANA TRAGICA, EL RECLAMO SIGUE SIENDO EL MISMO: JUSTICIA
En 1919, Buenos Aires era otra ciudad, otro país era la Argentina. Sin embargo, los protagonistas de esta historia no parecen haber cambiado tanto, apenas el escenario.

Durante el primer Gobierno de Hipólito Yrigoyen, los reclamos por condiciones dignas de trabajo de parte de los trabajadores se hicieron muy fuertes.

Los Talleres Metalúrgicos Vasena fueron el epicentro de la protesta, que se había iniciado a fines de 1918. En los primeros días de 1919, los obreros pedían la reducción de la jornada laboral de once a ocho horas, descanso dominical, aumento de sueldos y que se dejaran sin efecto los despidos.

El día 7de enero, rompehuelgas custodiados por la policía intentaron ingresar a los talleres Vasena, los trabajadores que intentaron cortar el paso de los traidores fueron baleados por la policía, quedando cuatro
trabajadores muertos. El día 8, la FORA declaró una huelga general por tiempo indeterminado. El día 9, cuando se realizaba el sepelio de los trabajadores asesinados, al pasar el cortejo por el convento de Yatay y Corrientes, fueron baleados por policías y bomberos que estaban en su interior, la respuesta fue el ataque e incendio de partes del edificio.
Cuando el cortejo llegó a la Chacarita fue nuevamente tiroteado y varios obreros cayeron muertos. Fueron asaltadas varias armerías y hubo tiroteos hasta la madrugada. Ante la movilizacion obrera, la respuesta de los dueños del poder, encarnizada, no se hizo esperar. El día 10, la ciudad esta militarizada y comienzan los ataques a hogares obreros y judíos de Once y Villa Crespo. El operativo policial/militar estuvo a cargo del General Luis Dellepiane, quien indignado y envalentonado declaró: "Habrá un escarmiento que se recordará durante los próximos 50 años".

A la represión policial se sumó la aparición de la Liga Patriótica Argentina, agrupación proto-fascista (quizás un antecedente de lo que serían luego la triple A y otros grupos parapoliciales y paramilitares de
la represión ilegal) que se dedicó a atacar violentamente a los sindicatos, agrupaciones de izquierda, anarquistas, bibliotecas, centros obreros y también a los judíos. En el ideario chovinista de las clases dominantes de entonces imperaba la idea de rechazo a lo "extranjero", ¡y que mejor paradigma de ello eran los judíos!: profesaban otra religión, tenían algunas costumbres diferentes, vestían distinto, sus apellidos eran muy parecidos a los de los gestores de la reciente Revolución Rusa, muchos activaban en el naciente movimiento obrero.

Presas del pánico ante la posibilidad de perder todo lo que habían acumulado, los grupos dominantes no vacilaron en aplicar el terrorismo de estado en reprimir. La tortura y los asesinatos fueron hechos fatalmente cotidianos. Entre el 7 y el 11 de enero, la violencia desbordada provocó 700 muertes y 3.000 heridos.

La foto de los policías en verdadero "pie de guerra" fue publicada en la revista Caras y Caretas el 18 de Enero de 1919. Los que apuntan son conscriptos de la escuela de tiro provistos de ametralladoras al frente de la comisaría 24, en la Boca.

Pasaron 86 años de aquellos terribles días. Hoy el reclamo es el mismo y es otro al mismo tiempo. Quienes detentan el poder siguen asesinando pobres. Aquellos muertos de ayer son las víctimas de hoy. Hechos como las masacres del 19-20 de diciembre de 2001 y del Puente Avellaneda de 2003, se prolongan en el incendio de la confitería bailable "Republica de Cromagnon", en el atentado contra la sede de AMIA, la voladura de Río Tercero, pero también en los centenares de casos de "gatillo fácil" o la mortalidad infantil, o la deserción escolar, o la drogadicción…

Los responsables siguen impunes. Vergonzosamente se esconden detrás de chicanas legales, en oscuras y alfombradas oficinas bloqueadas a los sentimientos populares por puertas blindadas, guardias de seguridad, cámaras de filmación; se ocultan en sus prebendas, en los privilegios que le sacaron al pueblo a costa de someterlo, ultrajarlo, insultarlo, injuriarlo, ofenderlo.

Nuestra obligación es hacer que esas pequeñas llamitas de resistencia que son las banderas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, de las Madres del Dolor, de las decenas de organizaciones y entidades y grupos que luchan por la justicia nos constituyamos en una sola llamarada que surca el país, de Oberá a Tupungato, de Tilcara a Ushuaia, como un campo reseco eliminando toda la maleza perniciosa y perjudicial.

Nuestras voces, aisladas, casi no se escuchan, son discordantes. El desafío es hacer de ellas un coro poderoso, potente, plural y multiforme, capaz de ser escuchado por todos, pero especialmente para conmover los cimientos de un poder que permanece impasible. Y que en ese estremecimiento, nuestra fuerza haga parir, desde lo mas hondo, el concepto de JUSTICIA para todos/as.



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Enero/Febrero 2005 - Tevet/Shevat  5765
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