La Voz Judía


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¿Hay alguien ahí?
Rabino Avi Shafran

¿Se acuerdan de Terri Schiavo, la mujer de Florida que estaba en estado “vegetativo”, y que a consecuencia de la insistencia de su esposo y por orden de un tribunal (aún ante las objeciones interpuestas por sus padres) fue desconectada de su soporte vital y falleció en 2005?
Los pacientes en estado “vegetativo” –que son personas que debido a una enfermedad o un accidente dejan de responder a estímulos- son consideradas en general como si casi no estuvieran verdaderamente vivos.
Sin embargo, el año pasado, un grupo de científicos europeos emplearon algo llamado functional Magnetic Resonance Imaging (f-MRI), imágenes funcionales de resonancia magnética, que muestran la actividad celular existente en todas las regiones del cerebro, para demostrar que en un grupo de 54 pacientes diagnosticados como “vegetativos” había cuatro que en realidad escuchaban y pensaban –y que de hecho podían comunicarse por medio de un esfuerzo mental- respondiendo por sí o por no a preguntas acerca de su vida.
Y ahora, la prestigiosa revista médica The Lancet, acaba de publicar un estudio que demuestra que tres personas con daño neurológico severo de las que se pensaba que estaban en un estado “vegetativo” irreversible mostraron signos de conciencia plena cuando fueron examinados por medio de un método relativamente barato y de fácil acceso que mide las ondas cerebrales. Los investigadores usaron una máquina portátil de EEG (Electroencefalograma), que recoge la actividad cerebral eléctrica de la corteza cerebral, o de la capa superficial del cerebro, por medio de electrodos dispuestos sobre la cabeza de la persona.
El equipo de investigadores les dieron a 16 personas en estado “vegetativo” instrucciones sencillas como cerrar su mano derecha dentro del puño o mover el dedo gordo de su pie cuando escucharan un bip. La tarea fue repetida en 200 oportunidades.
Al ser aplicado en gente sana, durante el procesamiento de tales instrucciones el EEG había recogido una clara señal en el cortex premotor –el área del cerebro que planea y prepara los movimientos; la señal luminosa eléctrica asociada con la mano era diferente de la que estaba asociada con los dedos del pie.
Aunque las tres personas que se consideraban en estado vegetativo no pudieron mover los dedos de sus manos ni de sus pies, sus cerebros mostraron con precisión los mismos patrones eléctricos.
Por supuesto, aún en ausencia de evidencia de cualquier actividad cerebral detectable a través de máquinas con las que actualmente contamos, nadie puede saber qué grado de conciencia subsiste en un cuerpo impedido de realizar movimientos. Pero un diagnóstico de “estado vegetativo permanente” puede hacer que sea legal quitarle al paciente toda clase de asistencia nutricional o de hidratación –en otras palabras, permite hacer que el paciente se muera de hambre.
Otro tema distinto es el de la “muerte cerebral”, un diagnóstico de cesación irreversible de toda clase de actividad cerebral, al cual la medicina moderna y las leyes seculares consideran suficiente como para la ablación de órganos previa a quitarle el soporte vital.
Desde el punto de vista de la Halajá, ¿puede un paciente en esas condiciones, cuyo corazón aún sigue latiendo, ser considerado de hecho como un cadáver caliente?
Algunos rabinos dicen que sí. Pero muchas de las más prominentes autoridades halájicas entre las que están el Rav Shlomo Zalman Auerbach, zt”l, y el yibodel lejaim, Rav Iosef Elyashiv, están en desacuerdo. Y con ellos concuerdan grandes líderes halájicos de los EE.UU. como por ejemplo el Rabino Herschel Schajter y el Rabino J. David Bleich.
(Por cierto la Halajá no siempre insiste en que la vida debe ser mantenida; en algunos casos de pacientes seriamente enfermos, incluso en aquellos en que persiste un funcionamiento cerebral pleno, hasta prohibe que se utilicen recursos que prolonguen el sufrimiento. Pero el Judaísmo considera a la vida como algo precioso, incluso sagrado, aún cuando su “calidad” se vea severamente disminuida. Y por lo tanto, la Halajá no permite ninguna clase de acción que pueda acelerar el deceso de una persona en situación extrema. Y, demás está decirlo, también prohibe la extracción de órganos vitales de un paciente que de acuerdo a la Halajá no sea considerado como fallecido.)
Volviendo al año 2005, una vez el New York Times le preguntó al Profesor de Bioética de la Universidad de Princeton, Peter Singer, cuál de las ideas o valores que entonces se daban por sentados él consideraba que iban a desaparecer en los siguientes 35 años. Y él respondió: “el punto de vista tradicional sobre la santidad de la vida humana”. Y prosiguió explicando: “éste colapsará bajo la presión de los desarrollos científicos, tecnológicos y demográficos”.
Desgraciadamente, el profesor podría tener razón respecto a la visión social sobre la vida humana, especialmente en cuanto al aumento de la expectativa de vida, el incremento de los costos de seguro médico, y el aumento de la demanda de órganos para trasplante. Los seres humanos corren el riesgo de convertirse de sagrados portadores de almas a ….commodities.
Irónicamente, sin embargo, Singer puede haberse equivocado respecto a los desarrollos tecnológicos. Como lo han demostrado los últimos acontecimientos, el uso creativo de la tecnología puede desmentir nuestros conceptos acerca de cosas tales como los pacientes en “estado vegetativo”, y funcionar como un freno en el “progeso” hacia la comiditización de la vida humana.
¿Podía un EEG haber dado algún signo de conciencia en el cuerpo inmóvil de Terri Schiavo? Los médicos afirman que es improbable y que al parecer su cerebro estaba demasiado profundamente lesionado.
Pero, por cierto, nosotros nunca lo sabremos realmente.

 

La Tribuna Judía 58

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