La Voz Judía


La Voz Judía
Perdidos y reencontrados en Polonia
Rujama Paz y Rajel Guinzburg

Para los judíos de Polonia la memoria colectiva de pogroms, campos de concentración y marchas de la muerte, indujeron a los sobrevivientes a pensar que resultaba más conveniente adherir al campo del catolicismo polaco que identificarse a sí mismos como judíos. En la actualidad, las confesiones hechas antes de morir por abuelos libres de culpa, mezclada con una reemergencia del orgullo de ser judío, han creado en miles de jóvenes que dicen tener raíces judías la necesidad de descubrirlo.
Penosos recuerdos

La comunidad judía de Polonia se está recreando. Nunca antes, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hubo tantos polacos que descubrieran sus orígenes judíos y que se animaran a decirlo públicamente. Ellos no pueden olvidar que los campos de la muerte tales como Auschwitz, Belzec, Chelmno, Majdanek, Sobibor y Treblinka, los más infames de todos, estaban en suelo polaco. Las décadas que se sucedieron desde entonces no pudieron dispersar ni el humo ni el humo ni el hedor de los crematorios.
Por su parte, la memoria nacional de los polacos no judíos, tiene todavía que descartar cientos de años de estereotipos antisemitas. Y a pesar de que los judíos pasaron de ser un tercio de la población a una diminuta minoría de pocos miles de integrantes, el término denigratorio de “Zhid” todavía se utiliza.
La condición de judío de Pavel permaneció en absoluto secreto por una buena razón.
Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial el nacionalismo polaco antisemita desarrolló fértiles raíces. Y si los judíos de Polonia necesitaban alguna prueba de que el Holocausto no había cambiado nada, el pogrom de Kielce vino a ratificarlo.
El 4 de julio de 1946 se desató en Kielce un pogrom contra 200 sobrevivientes del Holocausto que habían regresado a sus hogares en esa ciudad del centro de Polonia. Treinta y nueve residentes de Kielce fueron asesinados. El pogrom fue un signo claro de que los 250.000 judíos polacos que habían logrado sobrevivir al Holocausto -250.000 de 3.5 millones que vivían en Polonia antes de la guerra. Kielce fue una brutal comprobación de que ellos no eran bien recibidos de vuelta a casa.
Esas 39 víctimas del pogrom que contó con el apoyo de la policía, fueron los últimos sacrificios llevados a cabo por el antisemitismo polaco; los sobrevivientes huyeron de Kielce y de Polonia temiendo por sus vidas.
Sin embargo, unos 150.000 sobrevivientes se quedaron con la esperanza de que las cosas mejorarían algún día. Pero pocos años después toda una generación de sobrevivientes judíos quedó sepultada.
La campaña antisionista lanzada por el alto oficial Wladislaw Gomolka en 1968 obligó a que el resto hiciera a un lado su identidad judía – que consideraban una amenaza contra sus propias vidas- y se integraran a la corriente de católicos polacos.

El secreto revelado

La abuela de Pavel fue una de quienes eligieron ocultar su judaísmo para acallar la fiereza antisemita. Ella aprendió de la amarga historia de su familia, que en su totalidad fue enviada a los crematorios, que ser judío era sumamente peligroso. En los años del Holocausto era una niña aún y fue enviada a un monasterio. Pero al terminar la guerra no había quedado con vida nadie para recuperarla. En consecuencia, ella ocultó su identidad judía incluso a los miembros más cercanos de su familia. De modo tal que Pavel se crió sin tener ningún indicio de que los judíos, tan odiados por sus amigos más íntimos, eran sus hermanos.
“Mi abuela nunca nos dijo nada respecto a que ella era judía”, cuenta Pavel. “Y todo el secreto sobre su identidad se me reveló después de que ella muriera. Yo no tenía nadie con quien tratar de aclarar lo que estaba sucediendo y me tuve que conformar con ese único dato, tan central para mi futuro, y que vincularía mi destino con el de aquellas personas a las que me había acostumbrado a odiar”, prosigue diciendo.
Al declinar la influencia del comunismo, los judíos y sus descendientes están empezando a poner fin a su histórico silencio y están retornando al judaísmo.
Así como existen quienes ocultaron su judaísmo ante las autoridades comunistas, luego del Holocausto, hay muchos casos de chicos judíos adoptados por familias e instituciones católicas durante la Shoá. Cada vez hay más casos de padres adoptivos que, ya sea por sentimiento de culpa o por necesidad de aclarar lo que pasó, en su lecho de muerte les confiesan a sus hijos su verdadera identidad.
El tema es complejo, ya que muchos de estos judíos que recientemente han descubierto su identidad, no tienen forma de probar sus raíces judías. Hubo una segunda generación perdida, pero ahora, la tercera generación está redescubriendo sus verdaderas raíces. Los abuelos están divulgando el secreto familiar antes de que sea demasiado tarde.

¿Es muy tarde para hacer un cambio?

¿Qué sucede cuando alguien realiza el impactante descubrimiento de que es judío luego de vivir toda una vida tranquila como católico polaco?
Muchos judíos polacos (o sus descendientes) se perdieron para la nación judía mucho antes de la Shoá, en tiempos de pogroms y persecuciones.
“Cuando llegué a Polonia por primera vez yo sabía que este fenómeno existía”, dice el Gran Rabino de Polonia Mijael Schudrich, “pero nunca imaginé cuán difundido estaba. En los años ’70, cuando el régimen comunista estaba en la cúspide del poder, viajé a Polonia por visitas de corto tiempo. Fue entonces que llegó a mis oidos que además de los pocos miles de judíos de los que se tenía información, había muchos más que se ocultaban”.
En tiempos del comunismo era muy difícil encontrar a un judío auto-declarado como tal. Pero con el correr de los años, lo que era un hecho incipiente se convirtió en una corriente inmensa. A medida que la gente se sentía más segura, disminuía su temor a poner de manifiesto su identidad.
Para Pavel la revelación llegó cuando tenía 21 años, en forma de una sintética confesión: “Te guste o no te guste –y esto último es lo más probable- tú eres judío”.
Hasta entonces Pavel no sólo estaba alejado de su judaísmo, sino que odiaba todo lo que tuviera que ver con el judaísmo. El y sus amigos iban por las calles dejando mensajes antisemitas en las paredes, reviviendo los slogans de los nazis y marchando con su brazo estendido a modo de saludo nazi.
Sin demostrar signo alguno de emoción, sus padres le mostraron un paquete polvoriento conteniendo documentación que probaba que él era miembro del pueblo judío. Para Pavel ninguna noticia podía haber sido peor que esa. Al principio le horrorizó pensar que susurrar algo respecto a su judaísmo podía poner su vida en serio peligro. Intentó ocultar esa información, con la esperanza de que todo hubiera sido tan solo un mal sueño del que súbitamente había despertado. Y siguió viviendo su vida normal como si nada de esa situación lo atormentara. Sin embargo, todo su mundo interior se había desmoronado al recibir esa noticia, y pocas semanas después Pavel se presentó en el despacho del gran Rabino, contándole su historia, la que le había dado vuelta el mundo en que vivía.
Actualmente, la cultura judía está de moda en Polonia; restaurantes al “estilo judío”, festivales de música Klezmer y bares que sirven comida típica, son una tentación para turistas judíos provenientes de los EE.UU. y de Israel. Y aunque sólo hay 4.000 judíos registrados como residentes en Polonia, es probable que unos 30.000 más recién estén redescubriendo su verdadera identidad.

 

La trubuna Judia 22

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