La Voz Judía


La Voz Judía
La libertad según el judaísmo
Rabino Isaac Sakkal

La libertad es sin duda uno de los logros más importantes del hombre moderno.
Entonces, podemos preguntarnos respecto del judaísmo: ¿Por qué tengo que vivir de acuerdo con las reglas de la Torá? ¿Por qué no puedo hacer lo que yo quiero?
El judaísmo puede resultar para muchos un conjunto de costumbres y rituales sin sentido, anticuadas y primitivas.
Pero comencemos con el tema que analizamos en el texto ¿Qué es ser Judío?, en el cual llegamos a la conclusión de que es una filosofía de vida, la correcta, Y esto es demostrable pues el judaísmo no es dogmático, es racional, lo que sucede es que necesitamos tiempo para conocerlo...
Maimónides define al judaísmo con los 13 principios que son las ideas y conceptos básicos de la fe judía con respecto a D’os, a la Torá, etc. El que los conoce y cree en ellos, está dentro del judaísmo, podrá ser más o menos observante, pero está adentro. El que no cree en ellos, se autoexcluye de la fe judía. (Tan importante es el tema, que hemos decidido implementar un curso vespertino sobre los 13 principios).
Al judaísmo nunca le asusto la pluralidad de ideas, el Talmud está plagado de ello, pero no hay que confundir pluralidad con ausencia de referentes claros. El campo del judaísmo es amplio, se puede ser más o menos observante, podemos integrarnos al mundo moderno pero sin resignar un ápice de lo eterno, teniendo plena conciencia de dónde está el límite entre la forma adaptable y la esencia intocable del judaísmo.
Volvamos a nuestro tema, La libertad. Libertad tal como está definida en los diccionarios, es capacidad de elección. Deduzco, entonces, que si no tengo lo que elegir, ¿cómo puedo ser libre?. Para ejemplificarlo imaginemos a una persona a quien le pedimos que elija un lápiz, y sólo le ofrezco uno para elegir. En realidad, no puede ser libre, ya que no tenía otra opción. Pero si le ofrezco otro, si él sabe que hay otro (conoce) entonces sí podrá elegir, estará ejerciendo su libertad.
Muchos judíos abandonan el judaísmo sin siquiera conocerlo. Ese es mi problema, eso es lo que me duele y me molesta. ¿Por qué no se dan la posibilidad de elegir, de ser libres? Primero conocer la fe judía y luego si deciden dejarla, los entendería más. Pero antes de abandonar la fe de sus padres y ancestros, por lo menos podrían averiguar un poco más, hacerse algunas preguntas como: ¿qué es lo que estoy dejando? ¿Cuáles son las normas del judaísmo y por qué son así ? ¿Cuál es el objetivo de la Torá?...
Muchas veces creemos conocer, pero en realidad sólo poseemos prejuicios, conceptos distorsionados o cosas que no hacen al judaísmo, sino que son meras costumbres de ciertos judíos de lugares específicos (por ejemplo, las peot largas, el sombrero, etc.), y nos alejamos creyendo que ya sabemos lo suficiente, sin percibir que desconocemos lo fundamental, tal como aquel que al ver que una nube tapa al sol piensa que el sol desapareció. Fíjense hasta donde llega este punto que en la Universidad Hebrea de Jerusalem, en el curso de Pirke Avot (ética judía) nunca se anotaban más de 5 o 10 alumnos. Un año decidieron cambiar el nombre del curso, lo llamarían “Filosofía China” aunque seguirían dando el mismo tema que los años anteriores. Al comenzar las clases había más de 65 alumnos, maravillados por la sabiduría china, cuando en realidad no era más que la sabiduría judía que nunca se permitieron conocer.
La verdad es como un rayo en una noche oscura, hay quienes al ver el rayo se quedan encandilados por la intensidad de su brillo, pero una vez desaparecido, vuelven a la misma oscuridad en que estaban sumergidos antes de que aparezca el relámpago. Otros, sin embargo, al percibir el haz de luz, permanecen inmóviles, cegando sus ojos, y no aprovechan el fogonazo para poder ver los obstáculos que le guarda el camino para poder evitarlos y decidir el rumbo de sus futuros pasos. Así nos sucede a nosotros, a veces nos chocamos con un momento de verdad, lo vemos claro, patente, pero pasado el efecto de ese momento, volvemos a nuestra vida rutinaria, sin que esa percepción nos cambie en lo más mínimo. Tal como cuando vamos a visitar a alguien al hospital que padece de problemas pulmonares por fumar. Nos es claro lo nocivo que es el cigarrillo, tal vez dejemos de fumar por unas horas, pero luego poco a poco volveremos a nuestros hábitos de siempre. ¿Por qué? Porque en ese momento en que vimos las cosas claras, ese encuentro con la verdad, no lo hemos aprovechado tomando las decisiones necesarias y comprometiéndonos en ese momento a cambiar algo.
Los invito a profundizar, a estar abiertos, a no permitir que al esfumarse la luz del rayo, quedemos sumergidos en la misma oscuridad en que estábamos antes. Les propongo mejorar, hacer un cambio concreto, algo pequeño, pero conciso, y seguir comprometidos con ese cambio hasta que deje de ser en nosotros un cambio para haberse convertido en una hábito. Es verdad que quedan muchas otras cosas por mejorar... pero no se nieguen la posibilidad de elegir, es nuestra vida, nuestro judaísmo, dedíquenle tiempo... no se nieguen la posibilidad de ser libres...

 

Nro 366 Nisan del 5765 / Abril de 2005

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