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Periódico Judío Independiente
Acercandonos a Rosh Hashana
Descubrir hasta donde podemos llegar

Rabino Mordejai Maarabi, Raanana, Israel / Especial para Comunidades

Rosh HaShaná. La Creación se renueva. El mundo es llamado a la existencia una vez más. Todo parece detenerse para volver a ser. Para regresar, en cierto modo, al estado primero. Esencial. Vital.
Y así como en la naturaleza, el manto de la Creación reposa sobre los hombres. Un ser humano nuevo deberá asomar por entre los amaneceres y los anocheceres de los días. Tiempo que convoca. Tiempo que evoca.
Movimientos de ida y de vuelta recorren los espacios vitales de la existencia. Aquí en la tierra. Allí en los cielos. Todo se mueve. Todo, se conmueve.
El Rey está por ‘salir de Su Palacio’. Y debemos salir a su encuentro. Nada más simple pero nada más hermoso. Tiempo cuando disponemos de una ocasión única, irrepetible, magnífica. Poder encontrarnos con el Rey. ‘HaMelej haMishpat’… ‘El Rey de la Justicia’ como lo hemos de invocar durante diez intensos días.
‘Dirshú HaShem be-imatzeó’ nos alentaba el profeta. ‘Pedid, buscad, inquirid por El Todopoderoso, cuando Él puede ser hallado’. Los días cuando se renueva el tiempo, son días especiales. De búsqueda. Y de encuentro, como decíamos. Días donde todo se torna posible… ¡¡Hallar al Creador en nuestro camino!! Nosotros, los pequeños seres humanos, alcanzando lo soñado. “Kerahúu bihiotó karob” continúa el profeta. ‘Invocadlo mientras Él esta cerca’. Cercanía. Proximidad. Intimidad. Tal la esencia de nuestro vínculo con el Rey. Días únicos. Plenos diría. Porque contienen lo básico, lo necesario para nuestro vivir y trascender.
“Porque ¿qué pueblo hay tan grande que tenga a Elokim tan cerca de él, como tenemos nosotros a HaShem nuestro Elokim, cada vez que lo invocamos?” pregunta Moshé Rabenu a los Hijos de Israel. Allí lo singular. La ‘segulá’ que hace de nuestra nación ese ‘tesoro peculiar’…
Y debemos aprender a vivir en Su compañía. Debemos valorar cada instante de Su Presencia Infinita. Y abrevar, con la sed del vivir cotidiano, las gotas de una pasión que en tiempos de Elul y Tishré vuelve a cobrar vida… ¡Zojrenu lejaim, Melej jafetz bajaím!! ‘Recuérdanos para la vida, Rey que amas la vida’ es la expresión que marca la diferencia .Entonces, apreciar lo bueno es la tarea. Ese deseo que irrumpe de ¡Shaná Tová!, seguramente tiene su origen en esa cercanía, se me ocurre pensar. Porque llega un tiempo cuando necesitamos estar cerca, sentirnos cerca. Sabernos amados y protegidos. Sabernos hijos…que retornan a una casa segura. A los brazos mismos del Creador, que espera por nosotros y nuestras plegarias…

“Jon tajón ‘al baneja, Laj shavím…”, es la melodía que asoma en el anochecer del segundo día de Rosh HaShaná en la liturgia sefaradí. Poemas que traducen vivencias. Sentimientos que hacen de la vida, algo más que una simple rima. Y creo comprender los motivos de este cantar. Le rogamos al Creador, ya ingresados en el nuevo tiempo de la existencia, que nos quiera conceder Su Gracia, Su Sabiduría. Que nos permita comprender ese regalo que acaba de hacernos cuando estamos en el umbral de una nueva experiencia. ‘Agracia con sabiduría a Tus hijos, que retornan hacia Ti’. Aprender a vivir es la meta. Darle un significado a nuestros días. Porque hemos decidido ‘regresar’, volver, cambiar.
La Teshuvá se plasma en un ruego. ‘Laj shavím’. Hacia Ti es que volvemos. No hay otra dirección posible nos enseña el poema. Recreando las palabras del profeta Zejariá, allí cuando el ‘retorno’ despuntaba por lo físico –‘Shivat Tzión’, el retorno del exilio babilónico- para concluir con la esencia de ese volver: Volver a D’s. ¡He ahí la tarea!.

“Ubfajad Lefaneja, nitzabím…” continúa nuestro poema. Nos invade un gran temor. Estamos frente a Él. Solos. Cada uno y uno de las multitudes de Israel. Porque El Creador, Único, Bendito Sea Él, requiere ahora de Su Creación, el Adám, quien también es único en Su Mundo creado. ‘Nitzabím’, como el nombre de la perashá previa a nuestro Rosh HaShaná. Estamos firmemente parados. Ese es el regalo del Creador para con nosotros esas noches y esos días. Poder sostenernos ante Su Presencia. Y tomar decisiones firmes. Certeras.

“Iereím ‘et ikare-ú, la-din; ki al ken ba-u, nij-abím…”, concluye nuestro primer canto. ‘Temerosos en el tiempo que serán llamados a juicio; y es por ello que se acercan doloridos, consternados…’. ¿Cómo lograr superar aquel temor inicial? Conmoviéndonos. ‘Ir-á’. Llenar de pronto nuestros recipientes vacíos de un temor existencial y reverencial único, como nosotros, como Él. ‘Si no hay Sabiduría no hay Temor’ afirmaba Rabí Eleazar ben Azaría en masejet Abot. No hay alternativa más que tomar conciencia. Saber para Temer. Para reverenciar. He allí la esencia del estudio del judío en todos los tiempos. Saber para venerar…
Y como aseveraba el rey Salomón con su profunda sabiduría: “…u.mosíf da’at, mosif maj-ob” – y aquel que incrementa su conocimiento, aumenta su dolor- pensaba en su Kohelet. Darnos cuenta de nuestra pequeñez. De nuestras limitaciones. De cierto desamparo. Todo ello crea temor, pero suma al dolor, su eterno acompañante. Y entre ambos conjugan el crecer…
Y es por ello que le rogamos al principio del poema “Jon tajón ‘al baneja…”. Tus hijos. Porque es bueno sentirse Su hijo en estos días. En estas horas cuando Le invocamos desde lo más profundo de nuestras conciencias adormecidas, y prorrumpe desde el adentro ‘¡Abinu!… ¡Malkénu!’. Nos dirigimos al Creador, al Juez, como ¡Nuestro Padre!, para luego, volver a la realidad y darnos cuenta: ¡¡Nuestro Rey!!
Y en eso estamos. En el poder apreciar tamaño regalo que se nos hace desde los Cielos. Y cada uno deberá decidir cómo querrá vincularse de ahora en más con el Kadosh Barúj Hú. “Im ke-baním; im ka-avadím”, ya como hijos, ya como sus siervos. Y ambas dimensiones traen consigo la seguridad. La tranquilidad y la paz interior. Aquella que se conjugan estas noches de luna nueva en lo oculto del día de nuestra celebración al decir del Tehilím-. Porque el tiempo de Rosh HaShaná es una invitación a descubrir cuánto podemos ser. Cuánto podemos dar. Y cuánto, cuánto amor encerrado en la justicia –‘Rajamím betoj haDín’- desciende cual rocío vivificador, entre los tiempos de la teshuvá…Diez días únicos. Como Él. Como usted. Como nosotros…Ketivá va-Jatimá Tová, Con la bendición de la Torá y la Paz

Número 509

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