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Periódico Judío Independiente
El mito de Narciso
HOMOSEXUALIDAD: ¿ QUIEN DISCRIMINA A QUIEN?

¿Por qué es tan importante heterosexualidad? Porque es la posibilidad de amar a alguien no sólo fuera de la endogamia sino a alguien absolutamente diferente. La heterosexualidad es lo más alejado de la discriminación porque pone en juego la diferencia, lo no igual. En cambio, el homosexual, como lo indica su nombre, busca como objeto sexual, a alguien que sea idéntico, rechaza la diferencia, lo no igual (homo deriva del latín y significa “lo mismo” y no hombre). Paradójicamente, quien más dice ser discriminado, discrimina y detenta un poder que se apoya sobre el supuesto orgullo de ser gay.

La búsqueda de lo idéntico, nos remite al mito de Narciso. Varios autores coinciden en que Narciso, fatigado por la caza, acalorado y con sed, se inclina sobre un manantial para refrescarse y, al ver su propia imagen en el agua, se queda contemplando con admiración aquellos ojos brillantes, aquellos bucles ondulados como los bucles de Dionisio o Apolo, las mejillas redondeadas, el cuello como marfil, los labios entreabiertos y el resplandor de salud y energía sobre todo esto. Se enamora en el acto. Insensible ya al resto del mundo, se deja morir en el intento de abrazar a su imagen.

En “Cuerpo y Tiempo”, José Jiménez dice: "si peligroso es mirar de frente a la divinidad, no menos nocivo puede resultar fijar nuestra mirada en el espejo incierto del agua".

La leyenda cuenta que la madre de Narciso, la ninfa Liríope ("la que tiene forma de lirio"), había consultado al mismo Tiresias si su hijo tendría larga vida, ya que su concepción había sido causada por la violación del dios fluvial Cefiso. La respuesta de Tiresias fue: "Narciso vivirá hasta ser muy viejo con tal que nunca se conozca a sí mismo". La videncia del ciego Tiresias se contrapone a una fijeza hipnótica en la imagen, cuya fuerza puede destruirnos.

"Ha habido incluso mucha gente que se ha ahogado en un espejo" (nos dice irónicamente R.Gómez de la Serna ). Mientras Narciso bebe, al ser cautivado por la imagen que está viendo, cree que es un cuerpo lo que es en realidad agua. Esto nos conduce de nuevo a Tiresias, al saber de la profecía, a la contraposición entre el "ciego que ve" y la "imagen que ciega". "No sabe qué es lo que ve, pero lo que ve le quema" (Ovidio).

Por la estrecha relación con Tánatos, el amor homosexual podría conllevar consecuencias semejantes a la bomba atómica pues, por la vía del amor a lo idéntico y del rechazo a la diferencia sexual, que no es sin el rechazo a la procreación, pone en juego la posibilidad de que sea posible el exterminio de la humanidad.

Los nuevos dioses
En este punto es cuando emergen los dioses de la ciencia. Sostenidos en una supuesta asepsia, fundada en la neutralidad del investigador, se desentienden del hecho de que el científico es un sujeto y de que es su deseo el que lo mueve respecto del objeto que investi­ga, deseo que puede ser incluso el exter­minio de la humanidad. Es tras las banderas del progreso que se minimizan los efec­tos intrínsecos a aciertas in­vestigaciones.
De la palabra progreso, del latín pro-gredi, caminar adelante, y éste de gradi "andar" (Diccio­nario etimológico de Joan Corominas), no puede inferirse el hacia dónde, pues, la muerte puede bien pensarse como "lo que está adelante".

En los últimos años, llama la atención una investigación basada en una forma de reproducción que se realiza sin la participación del macho: la clonación.

¿Cuál es el deseo que mueve a esos investigadores? ¿Por qué dejan de lado las consideraciones éticas como si ellos estuvieran por fuera o más allá de las mismas? ¿Será que su deseo es el de ser Dios? (1)

Catherine Millot, en su libro “Exsexo. Ensayo sobre el transexualismo” (1983), pone en consideración cómo, en la actualidad, hombres y mujeres prestan sus cuerpos, ofreciéndose como cobayos, para confirmar la divinidad de la ciencia moderna, la cual podría abrirle al varón, la posibilidad de competir con las mujeres, no sin asegurar su hegemonía en la presunta “lucha de sexos”. Hábiles cirujanos feminizan los rostros de travestis y transexuales, modificándoles la nariz, el mentón, los pómulos y hasta las manos y las piernas, además de contar con el aporte de otras especialidades de la medicina para dotarlos de pechos turgentes gracias a los estrógenos y de vaginas artificiales.

Sostenidos en el horror y el rechazo a la diferencia sexual otra investigación (dada a conocer por distintos medios) le abriría al varón la posibilidad de gestar un hijo implantándole un embrión en el vientre (hijo que luego sería extraído por cesárea). Ese hombre evitaría pasar por el amor a la mujer, por el heterós. Al menos, es lo que le ofrecen los dioses de la ciencia, cirujanos y endocrinólogos, sin los cuales nada de esto sería posible.

Algunos profesionales en las ciencias de la salud unidos a ciertos juristas que pretenden legislar la realidad humana, sostienen que la homosexualidad se fundamenta en la libre elección y sobre una supuesta normalidad. J. Lacan, en “El saber del psicoanalista” (1971-1972), dice que “si eso cae bajo la égida de lo normal, tendremos nuevos clientes en psicoanálisis que vendrán a decirnos: “Vengo a verlo porque no mariconeo normalmente!”. Se va a volver un embotellamiento!”

El tema es más que complejo. Luis Guzmán, en una colaboración para Página 12 (23 de noviembre de 1993), dice que “la imaginación del futuro conduce necesariamente a la relación entre el amor y la ciencia” porque “la ciencia a través de la metáfora de la máquina no ha dejado de plantearle problemas al amor”. Más adelante se refiere a Frankestein como el Prometeo moderno hace referencia al decir: “las lamentaciones de su creador ante el monstruo, su culpa ante la especie humana y su dilema ético ante la elección: el amor por el género humano o la ciencia”.

También en Página 12, de la misma fecha, Beatriz Sarlo, escribe que “el amor ya no tiene sexo, flota, como un polen sobre las relaciones”, pero concluye con que esta forma subversiva del amor, alejada del sexo anatómico, no puede prescindir sin embargo de la tecnología médica ni del sentimentalismo.

¿Libertad?
No hay libre elección sexual. De lo que se puede hablar, es de una decisión para vivir lo mejor posible, muchas veces después de duros sufrimientos. Pero, siendo el destino el significante, volvemos a la cuestión de que el ser humano es un ser hablado antes que un ser hablante, que es hijo de un discurso y que, pese a que la anatomía es el destino, el sujeto se va sexuando y construyendo desde el nacimiento(2).

(1) En los textos bíblicos, Dios, nombrado sólo por metáforas, instaura las diferencias en el acto de crear. Es la puesta en acto de la ley del padre, revelando la dimensión transbiológica de la paternidad.

¿Qué es un padre? Se adju­dica a un padre un nacimien­to como la obra crea al crea­dor. El artista firma al finali­zar su creación, produce y es efecto de su obra. El padre es el que dice No, es el que separa, identifica, ejerce la prohibición del incesto, ordena el cumplimiento de la Ley. Salvo: honrarás el sábado y honrarás a tu padre y a tu madre, Los Diez Mandamientos, se fundan en el No para que la vida sea posible. La caída de la función paterna en el orden de la cultura conlleva al desprecio por la Ley y el enaltecimiento de la transgresión.

Quiero aclarar que el judaísmo nunca fue un matriarcado y que el matricismo surgió en la antigüedad, a partir de razones históricas precisas: las reiteradas invasiones y opresiones de las que el pueblo judío fue objeto, con las consiguientes violaciones de sus mujeres. Estas llevaron a instituir que judío era el hijo de vientre judío puesto que la madre no sólo era cierta sino aquella con quien el recién nacido tenía el primer contacto; la madre era la representante de una pertenencia por encima de cualquier contingencia geográfica.

(2) Para el judaísmo, la homosexualidad contraviene la verdadera estructura de la anatomía de los sexos que fue diseñada para las relaciones heterosexuales. Sin embargo, no desprecia, no aparta, ni juzga a quien podría considerar errado. En este punto sugiero la leer la nota sobre judaísmo y homosexualidad del rabino Barry Dov Schwartz, publicada en Maj´shavot/ Pensamientos de Octubre /Diciembre 1979, además de la nota de Roxana Umansky, Comunidades 24 de agosto de 2005.


Susana Grimberg. Psicoanalista y escritora

Número 408

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